Terrible epidemia de gripe (1918)

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26 de octubre de 1918

El Noticiero

Las temidas epidemias asolaban a nuestros antepasados, prácticamente indefensos, por los pocos conocimientos e ineficaces remedios, sobrepuestas a las insalubres condiciones de vida que entonces reinaban. Aquí tenemos esta crónica, un tanto particular, ya que los fallecidos no merecen siquiera el recuerdo de sus nombres, salvo cuando se trata de las fuerzas vivas o forman parte de la elite intelectual.

El Noticiero

El día 9 del corriente hizo su aparición en esta localidad [de Blesa] la epidemia reinante de «gripe» que tantas vidas juveniles se está llevando, habiendo en la actualidad sobre 300 invasiones, de entre ellas 20 graves.
Defunciones han ocurrido 4, y se cree habrá unas 15.

Merecen mil plácemes los celosos y activos Párroco y Médico titular doctor don Melitón Beltrán y don Enrique Pina, por el interés humanitario en el cumplimiento de sus deberes profesionales; pues no tienen un momento de reposo, multiplicándose de una manera asombrosa, siendo pocas las alabanzas que se les hace en la localidad pues son dignos de las más altas recompensas.

La junta de Sanidad no cesa de tomar todas las medidas que están en su mano para evitar en todo lo posible la difusión de tan grave enfermedad, mereciendo el unánime aplauso de todo el vecindario.

Nuestro celoso y dignísimo Párroco doctor don Melitón Beltrán, también ha sido uno de los atacados por la epidemia, pero hace ocho días se halla totalmente restablecido, por lo que le felicitamos.

El día 16 del corriente, víctima de la epidemia reinante, falleció a los 37 años de edad, don Carlos Martínez y Santamera, ilustrado y competente veterinario de Vinaceite (Teruel), sumiendo en el mayor desconsuelo a su distinguida familia.

A su viuda, hijos y demás familia y muy especialmente a su hermano don Manuel Martínez, distinguido amigo nuestro, veterinario en Blesa y corresponsal de EL NOTICIERO, testimoniamos nuestro más sentido pésame, por la desgracia que les aflige.

Estamos en plena cosecha del azafrán, y siendo muy buena, será mermadísima, debido a que en todas las casas existen enfermos de gripe, y teniéndolos que cuidar y por falta de braceros, abandonan la cosecha, lo cual supone una pérdida de unos miles de pesetas.

Corresponsal

Pocos más datos he podido averiguar sobre la epidemia de gripe en Blesa. Mientras investigamos sobre el tema, veamos un resumen de las medidas tomadas contra la epidemia y el desarrollo de ésta en varias poblaciones aragonesas.

Las grandes epidemias del pasado tuvieron lugar con una frecuencia de unos 25 años, e invadieron continentes enteros. En 1890 se extendió por Europa una gran epidemia que en España se denominó gripe de Gayarre. Pero la mayor epidemia conocida tuvo lugar en 1918 (la última mortífera de consideración), fue la conocida como Gripe Española de 1918 y ocasionó millones de víctimas en todo el mundo.

La naturaleza de la enfermedad en aquel entonces no era del todo conocida (hasta 1923 no se aisló el primero de los tres tipos de virus de la gripe), y por ello las medidas a tomar eran más genéricas que eficaces.

La gripe de aquel año se extendió por toda España en pocas semanas, entre septiembre y noviembre de 1918 principalmente. El 21 de septiembre de 1918 se publicaban en los periódicos aragoneses las instrucciones sanitarias del gobernador en que instaba a los ayuntamientos a convocar Juntas Municipales de Sanidad adoptando las medidas que consideren oportunas "para evitar la presentación e impedir en lo posible su expansión, teniendo presente que el vehículo para ello es el aire y por tanto ha de procurarse por todos los medios la pureza del mismo, para lo que deberá ordenarse la más exquisita limpieza en la vía pública y en el interior de las viviendas, procurando para ello levantar la menor cantidad posible de polvo, para lo que, en los pueblos en que exista ganado deberá procurarse encerrar fuera de los pueblos, y de no ser posible esto, conducirlos por el exterior o siguiendo el camino más corto". También "se evitará el depósito de estiércoles [...] aun cuando el germen de la enfermedad no se propaga por intermedio del agua debe procurarse la mayor pureza de ellas, por su influencia en el buen estado del aparato digestivo".

Insistían en "la conveniencia de respirar aire puro, por lo que no deberán permanecer mucho tiempo en locales cerrados y donde se agrupen muchas personas [...] establecer una prudente ventilación de las habitaciones".

"En caso de enfermedad debe extremarse estos cuidados, procurando el posible aislamiento de los enfermos, teniendo especial cuidado los encargados de su asistencia en los productos de su eliminación, muy particularmente en los procedentes del aparato respiratorio, evitando respirar el aire aspirado por aquellos, particularmente con la tos; las ropas de enfermos deberán ser desinfectadas o esterilizadas [...] lo mismo que las habitaciones de enfermos o convalecientes, teniendo presente [...] que las recaídas [son] siempre graves ..."

La epidemia en diversas poblaciones aragonesas

Hacia el 22 de septiembre no había casos de gripe en la ciudad de Zaragoza, pero sí en Navarra donde se había extendido desde el día 3, como en otras partes de España.
El día 29 se publicaban notas en Heraldo de Aragón comentando como bajaba la incidencia de la mayoría de las localidades primeramente invadidas por la gripe, pero en cambio se detectaron nuevos casos en Luesia, Codos y Moyuela.
El 1 de octubre la Junta Provincial de Zaragoza decidió vulgarizar la profilaxis de la gripe, porque lejos de decrecer la epidemia aumenta. El 3 de octubre había en Calatorao 700 afectados y ya 5 víctimas mortales.
El 5 de octubre aparecieron 15 casos en Zaragoza capital y el día 7 la Junta de Sanidad decide suspender los actos de las fiestas del Pilar de ese año.
El 6 de octubre Oliete apareció ya en el Heraldo de Aragón, por la gravedad de la epidemia. "Tras las fiestas que celebraron los días 14, 15 y 16 de septiembre se desarrolló la grave enfermedad alarmando a los habitantes. Más de cuarenta nuevos enfermos había cada día, iniciando la enfermedad con una fiebre de 40 a 41º, degenerando en bronconeumonías y fiebres tifoideas" (estas últimas debido a las malas aguas consumidas). El número de atacados pasaba de 400 y las defunciones en aquellos últimos días pasan de 15, y entre los enfermos hay graves más de 60. En algunos pueblos próximos se publicaron bandos prohibiendo a sus moradores que fueran a esta población.
El día 11 las autoridades decían que en Zaragoza capital "la alarma supera a la enfermedad". Pero en Calanda, el estado sanitario, después de las ferias de San Miguel cambió de rumbo, y desde aquella fecha se declararon más de 400 casos pero con sólo 3 fallecidos.
En Muniesa, según cuenta Guallar, "murieron en un sólo día seis personas y el total de bajas ascendió a cuarenta y cinco".
El día 15 publica el Heraldo que, en Calanda ya son más de mil los afectados, y se daban más consejos de desinfección.
El día 20 de octubre Oliete volvía a aparecer en la prensa porque la epidemia ya evolucionaba de forma decreciente.
El 29 del mismo mes Calanda reportaba más de 70 defunciones hasta el día 26. Y de nuestro vecino Alacón, se podía leer que habían muerto 23 personas, con más de 300 enfermos, cebándose sobre todo en la juventud.

En Letux los atacados fueron unos setecientos, más del sesenta por ciento de la población, muriendo treinta y cinco personas en veinticinco días (entre el 9 de octubre el 5 de noviembre), que llenaron el pueblo de dolor y angustia. El médico titular fue el primero en morir.

De Muniesa nos cuenta Guayar en su "Historia de Muniesa" que "El silencio más profundo pesaba como un plomo sobre las calles del pueblo. Los cadáveres eran llevados silenciosamente en carros al cementerio, pues portadores no había, y la epidemia parecía que no iba a tener fin".

Si hacemos caso a la "Gran Enciclopedia Aragonesa" se puede estimar que esta gripe costó a Aragón unas 10.000 vidas.

Los remedios

La falta de medios sanitarios se dejó notar en muchos pueblos, en algunos casos por verse los únicos facultativos afectados por la enfermedad. Los remedios dados no eran muy efectivos y las medidas profilácticas no acertaron mucho más allá de evitar las reuniones y el contacto con los enfermos. Muchas de ellas estaban encaminadas a evitar enfermedades sobrepuestas a la gripe, y otras medidas parecían más inspiradas por la lucha contra el agente transmisor de la peste que contra una gripe. No faltaron los comerciantes que decididos a salvar a quien sólo se puede agarrar a un clavo ardiendo, vendían sus productos con consignas como:

"La epidemia reinante se evita desinfectando con Zotal", o "Epidemias contagiosas se evitan lavándose con jabón Zotal".

"Contra la grippe, tratamiento análogo al de Panticosa [...] por medio de agua bebida, inhalaciones, pulverizaciones y duchas nasales. Consulta médica de 11 a 12, C/ San Miguel, 12, Zaragoza".

"Contra la grippe, desinfectante ideal. De resultados inmediatos y seguros, de aplicación fácil para habitaciones, ropas, reservados y todo cuanto pueda constituir foco de infección. Botella de 1 litro 0,65, tomando 10 litros o más sin envase a 0,40. Abonamos por envase vacíos 0,20. Casa de Rived y Choliz."

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