![]() La fiesta del árbol (1918) |
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1 de abril de 1918 |
El Noticiero |
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El celoso profesor don Julián Calvo la implantó con mucho éxito y el día 25 del mes de marzo se celebró con inusitada brillantez. Por la mañana, después de cantar solemne tercia en la parroquia, fuimos en romería a la Ermita de Nuestra Señora del Pilar, en donde por encargo del Ayuntamiento, el coadjutor don Francisco Izquierdo celebró la Misa, cantando los jóvenes Carito Goez, Ponciano Naval, David Aznar, Benigno Serrano y Pedro Serrano, la solemne Misa brillante de don Felipe Ernicas. El párroco don Melitón Beltrán estuvo encargado de la oración sagrada ensalzando las glorias de la Virgen. Terminada la Misa bendijo dicho señor párroco los árboles, y tras esta ceremonia, cada niño plantó el suyo. Por la tarde, en una de las plazas del pueblo congregose numeroso público,
esperando a los niños y niñas que desde las escuelas y dirigidos
por sus dignos maestros don Julián Calvo y doña Engracia
Yuste, fueron formados hasta dicha plaza para dar principio a la parte literaria
de esta simpática fiesta. El señor Maestro habló del árbol en sus aspectos utilitario y estético y fue muy felicitado y aplaudido. Cantáronse himnos a la patria, a la bandera, al árbol y el de los exploradores con acompañamiento de la rondalla que dirige el organista don Ricardo Serrano. Para terminar, el señor Cura dirigió su palabra a los niños, hablándoles de la Patria, de la bandera y del árbol y después niños y niñas fueron obsequiados por el Ayuntamiento con abundante merienda. Esta hermosa fiesta causó cual otros años, gratísima impresión.
EVARISTO LON |
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Escolares de Blesa Alumnos de Julián Calvo, hacia la segunda década del siglo XX Fotografía de Jorge Calvo. |
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Como bien decía el artículo
en su comienzo, la fiesta del árbol se llevaba celebrando ya tres años,
y no nació de forma espontánea. Aunque la fiesta del árbol
se instauró "promocionada" por un Real Decreto del 11 de marzo
de 1904, esta celebración se hizo obligatoria por una orden fechada en
enero de 1915, lo que coincide con lo que escribía el corresponsal (cuyo
nombre correctamente escrito sería Evaristo Lou, el de un antiguo
secretario del ayuntamiento). La administración no dejó casi nada
a la voluntad de los pueblos, salvo el fijar por acuerdo la fecha de la celebración.
Estaba recogido en aquellas "órdenes" la cuota de árboles
a plantar, el que se invitaran a las personalidades, que se cantaran los himnos,
se remitiese al ministerio una memoria de la jornada, etc. Así, no es de
extrañar que esta crónica de la fiesta del árbol sea muy
semejante (incluso en el estilo de contarla) a las que he podido leer, celebradas
en Huesa del Común. Como en aquellas, los niños desfilaban, se decían
discursos encendidos en favor del árbol y otros en tonos altamente patrióticos,
se lisonjeaba a los niños, mientras que los lugareños aplaudían
fervorosamente cualquier intervención. ...cuidemos el árbol que hemos plantado, / y nunca en la vida dejemos
de amarlo, / Y de pasada se menciona al coadjutor Francisco Izquierdo (un eclesiástico
que tiene título y disfruta dotación para ayudar al cura párroco
en la cura de almas). Este joven de entonces escribiría durante las décadas
posteriores, crónicas de pueblos aragoneses, bajo el seudónimo de
Orlando. Una de ellas habla del ambiente que vivió
en el pueblo en estos años, y como si fuera un agradecimiento a quien
lo mencionara en este artículo, él menciona a Evaristo. |
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Última actualización: 6 de diciembre de 2001 | |