Aquellos cantos a San Antón

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Hablando con un buen amigo me recordaba aquel romance que se cantó allá por 1990

Al poco de renacer la comisión de fiestas de Blesa, un ciego romancero, de esos que pasaban antes por los pueblos, apareció por Blesa una fiesta de San Antón. Cantó un muy buen romance. Y por suerte, su glosa no se perdió, porque lo publicó ese año la comisión de fiestas. Lo traemos aquí para rememorar aquel singular evento. ¿Alguien tiene una fotografía de tal acontencimiento?

o o o

En lo más frío del invierno, allá por San Antón, acertó a pasar por este rincón del mapa un peregrino ciego que ganaba su sustento cantando romances. A petición de la Comisión tuvo a bien dejar una copia, escrita al dictado, que reproducimos para conocimiento de cuantos, ausentes al festejo, no pudieron escucharlo.
La Comisión

Dibujo de San Antón, del etnógrafo Julio Alvar

"ROMANCE DEL CIEGO"

Escuchen vuesas mercedes
lo que vengo aquí a contar:
Es la historia de un lugar
que por Blesa es conocido
por quien sepa dónde está.

Es un pueblo que otro tiempo
tuvo vida para dar
y estuvo, como otros muchos,
a punto del despoblar.

Poco a poco se moría
sus gentes se le marchaban
ya ni pa Fiestas venían
en San Antón ni Sant'Ana.

Ya no había procesiones,
rogativas, romerías,
l'apatía de las gentes
mataba las tradiciones.

Hoy los tiempos han cambiado,
por haber tantos tratores
no tenemos animales
a los que el buen San Antón
imparta su bendición.

Al menos de cuatro patas,
que de dos lo hay muy gordos,
por ir dejando se pierdan
tradiciones y leyendas,

proverbios y hasta refranes
como ese "pa San Antón
el que no ha matao el cerdo
no comerá morcillón".

Las hogueras están vivas
y también la matacía,
aunque este año haya mandao
la cruel economía
que ha hecho que en lugar de cerdo
nos dieran mucha morcilla.

Lo que importa no es la tripa
ni el lomo u el morcillón,
pues el condumio es la escasa
pa aguantar la tradición

que desde hace miles de años
reúne por el invierno
a los hombres y mujeres
de casi todos los pueblos,

en una fiesta de hogueras
pa la purificación
de las almas y quimeras,

celebrando así además
rito de agradecimiento
a la que es madre de todos
la vieja madre:
la tierra.

Hoy lo que importa no esto,
ni rito ni devoción
sea pagano u cristiano,

lo que importa aquí es la fiesta
que consigue un año más
que nos veamos la jeta;

que comamos y bebamos,
que bailemos y alegremos
los corazones de todos
con nuestro mejor humor.

Y que a la vez aportemos
nuestra colaboración
con esas chicas y chicos
que llaman la Comisión.

Y si algo les sale mal
ya saben vuesas mercedes
que los pueden encorrer
y al abrevador echar.

De lo que les salga bien
me feciliten a mí
que se les diré corriendo
pa que se queden contentos

Ya me voy por donde vine,
más no sin aconsejar
que al sorteo de las tiras
todos aquí han de jugar,
que al que menos se lo espere
un jamón le ha de tocar.

Y si Dios quiere que vuelva
alguna vez este ciego
un mensaje ha de traer
del mismo razonamiento.

Si no he de volver recuerden
por favor vuesas mercedes
que para una fiesta hacer
lo principal es la gente,

y aquí va mi colofón
¡VIVA BLESA EN SAN ANTON!

Memorable aquel ciego, para los que lo pudieron escuchar y ver; lástima no acuda más veces por Blesa. En el siglo XIX y XX se cantaban más romances de ciego (de los que algunos recopilamos aquí), de los antiguos quiero decir.

Y en cuanto a nuestro santo protagonista, incluso el etnógrafo Julio Alvar recopiló alguno de los cantos originales a San Antón en un pueblo, todavía conocido como Huesa del Común. No nos queda tan lejos aquella cultura en que las noticias no venían volando hasta nuestro aparato electrónico, y las crónicas tenían ritmo, rima y el valor de lo que llegaba muy de vez en cuando.

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