Retratos senderianos: paisajes humanos del mundo rural

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Hay fotógrafos que han retratado el aspecto externo de pueblos y personas; pintores, que como Goya, han retratado el alma del pueblo en momentos alegres o sombríos; y hay escritores que han retratado la vida del campesino con maestría, sobriedad y conocimiento de causa. Ramón J. Sender fue de estos últimos.

Recientemente leí un relato corto de Ramón J. Sender, titulado "El regreso de Edelmiro" (recogido en Segundo solanar y lucernario aragonés, Heraldo de Aragón, 1978, pero escrito en 1969). Condensaba en unas decenas de páginas el regreso del emigrante rural, tras muchos años, al pueblo de su infancia y juventud, favorecido por la prosperidad en América. Siendo un relato ficticio, es una gran parábola, que mantiene la emoción y acrecienta la tensión en cada página, esperando a llegar a esa catarsis casi anunciada con que acaban otras de sus novelas. Creo que pocos como Sender pueden construir, con un lenguaje aparentemente llano, esos retratos sociológicos complejos, esa magia.

Esta introducción es para recomendar (¡mira qué descubrimiento a estas alturas!) a uno de los excelentes escritores del siglo XX, que vio cambiar el mundo, al que traicionaron prontamente sus esperanzas de juventud, que sufrió por la debacle desencadenada por los dos extremos de una España convulsa, que vivió el odio, la traición, la injusticia e impunidad y exilios interiores y exteriores como tantas otras personas.

Los que hemos tenido la suerte de escuchar experiencias, de recibir recuerdos de los mayores, casi siempre hemos llegado a la conclusión de que la vida y los agitados tiempos que muchos mayores vivieron eran dignos de ser el cuerpo de una novela o una película. Dado el nivel de estudios de aquella generación, y lo doloroso de muchos de sus recuerdos, pocos han llegado a escribir. Y aún menos sobre esos recuerdos más banales, de esos días monótonos y similares, hechos de trabajo y relaciones humanas, que por su cotidianidad, ¡para qué se iban a contar!

Pero el caso es que por muy monótona que fuese la vida en su día a día hace 100 años, hace 80, hace 60... lo cierto es que de cuando en cuando vivían acontecimientos, sufrían convenciones sociales, presiones religiosas, convivían actitudes solidarias y familiares con comportamientos brutos, desaires, venganzas... Todo muy apasionante si lo escuchas con la distancia de una o dos generaciones, la despensa llena y el álbum de fotos pleno de celebraciones. Pero ya no eres quien para escribirlo por no haber mascado todos los entresijos ni rumiado aquellos resentimientos que formaban parte de su vida.

Sender, en cambio, fue un protagonista de aquella sociedad, pues sufrió la pérdida de seres cercanos, estuvo en la guerra de Marruecos, y se hubo de exiliar, pero no hubo de enterrar sus creencias y pensamientos y los pudo hacer evolucionar, y fueron fuente, estímulo e inspiraron de su pluma para los lectores del futuro que ya no vivieron en España la tragedia del campesino embrutecido por el trato con una naturaleza despiadada, del político embaucador y el cacique manipulador de sus deseos y futuro en la política de turnos.

El regreso de Edelmiro tuvo una versión televisiva, que el propio Sender no vio antes de su estreno, y cuyas críticas no entendió hasta que pudo ver el engendro criminal creado para darle mayor emoción y crueldad en la película de televisión. En la propia recopilación de artículos "solanar y lucernario aragonés" dos de ellos tratan el tema del antes y después de ver la versión de televisión.

Pero centrándonos en el relato de Sender ¿Es el relato breve el fiel reflejo de unos jóvenes o mozos viejos, que se han quedado en su pueblo mientras otros han partido y prosperado? Es una condensación, algo alejado del día a día, pero sí reflejo de una sociedad donde el crimen sabemos que existía, donde se practicaba la cruenta humillación (a veces con ayuda de la Ley, otras al margen de ella), a veces del igual, a veces del diferente, a veces por envidia, otras por codicia. No fue ni idílico ni fácil vivir en la sociedad que Sender (nacido en 1901), como muchos de nuestros abuelos, vivió. Y los que esto tan sencillo sepan, saborearán doblemente el placer de leer este emocionante relato.

Por Javier Lozano

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