El molino Bajo de Blesa Construcciones con historia Un nacimiento un tanto incierto Un ejemplo de caciquismo Una temprana y continua modernización Trabajando en el molino ...y jugando La saga de molineros El extraño paréntesis de la guerra civil El canto del cisne de los molinos harineros |
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Cuando pretendemos recopilar la historia de un molino, sus constructores y molineros, siempre queremos comenzar por principios sólidos, fechas, documentos y montantes, de los que no siempre disponemos. En este caso, la mayoría de los detalles, los aporta el testimonio oral del último molinero de una larga familia. Un nacimiento un tanto inciertoSi damos por fiable el dato que figura en el catastro(1), el año de construcción del molino Bajo fue 1890. Por otro lado, la noticia más antigua en prensa que conocemos sobre Blesa data de septiembre de 1898, y en ella se menciona una mejora técnica que se realizaba en un molino blesino(2):
Facundo no conoció a Andrés Cólera, pero cree muy probable que fuese este mismo personaje quien construyó el molino Bajo, ("o casi"). No nos pudo asegurar si no se trataría de un hermano de su abuela. Buscando pistas que se refieran a Andrés Cólera, hemos consultado diversos censos electorales de Blesa (de 1890 y 1897)(3), comprobando que no se encuentra en ellos, ni tan siquiera alguien con dicho apellido. Como en las respectivas elecciones sólo tenían derecho a voto los varones mayores de 25 años, nos encontramos ante la duda de que, o bien era más joven, o probablemente no estaba empadronado en Blesa. Facundo cree que Andrés Cólera procedía de la localidad zaragozana de Villanueva de Huerva(4). A pesar de la escasez de fuentes de esta época en Blesa, entre los restos del Archivo Municipal de Blesa encontramos una referencia de 1869 en que un tal Andrés Cólera Pérez figura como uno de los pequeños terratenientes blesinos, de Alacón. Esta sería pues la localidad de residencia del mismo en ese momento (si fuese el mismo). De ser fiables los datos que refleja el catastro, el molino Bajo sería el más moderno de los tres que aún hoy existen en mayor o menor grado de abandono en el término de Blesa. El porqué un emprendedor, seguramente forastero, afrontaba la construcción de un molino en un pueblo donde ya existían tres (La Cueva, el Vado y probablemente el del Galindo) es una de las cuestiones que nos gustaría conocer. Lo que sí hemos podido localizar en diversas fuentes(5) de esas fechas son los inscritos como molineros. En 1897 había seis molineros en Blesa, un número bastante elevado:
Prudencio Serrano era abuelo de Facundo y quien trabajó en el molino Bajo. Facundo se crió en el molino Bajo y recuerda anécdotas que le transmitieron de pequeño y otras que vivió de mayor. Incluso la barandilla del balcón de la fachada tiene su historia, nos decía, mientras nos hacía notar la presencia de diversos impactos semiesféricos que se aprecian en sus balaustres. Según nos relató, son huellas de impactos de balas redondas recibidos en las luchas de la Guerra de la Independencia en Zaragoza, donde se compró dicho balcón, de segunda mano. Un ejemplo de caciquismoEl molino de la Cueva, en Blesa, tras siglos como importante fuente de ingresos para el municipio(6), terminó en manos de Tomás Royo, un hacendado con bienes en Muniesa y Blesa al menos. Todavía figuraba este mismo propietario en las contribuciones industriales de 1934, o tal vez un descendiente suyo, Tomás Royo Esteban(7). El hecho de que los otros molinos blesinos, el del Vado y del Galindo, fuesen aprovechados principalmente por los vecinos de Muniesa y otros pueblos, y su relativa lejanía del casco urbano de Blesa, convertiría de facto al cercano molino de la Cueva en el principal lugar de molienda de la elevada población blesina (1.240 habitantes en 1887 y 1.271 en 1897). Además, el molino de la Cueva podía aprovechar todo el caudal recogido por la acequia molinar, sin necesidad de compartirlo con regantes ni otros ingenios hidráulicos, al ser el primero que se servía del gran azud del Hocino y su enorme salto, por lo que siempre fue muy rentable. Tomás Royo no debió de contemplar con buenos ojos el que Andrés Cólera levantase un nuevo molino harinero en la otra punta de la población. El molino Bajo tendría como desventajas el contar con un pequeño salto de agua que no le proporcionaría gran potencia, y el que el agua, motor de estos ingenios, hubiera de ser repartida anteriormente con los hortelanos de ambas márgenes del Aguasvivas a su paso por la localidad. En cualquier caso le restaría clientes, y además, estaría un poco más cerca del pueblo que el suyo, ya que se localiza en un extremo del casco urbano.
Tal actuación, legal pero que denota cierta ruindad, no arredró a los decididos constructores. ¿Se iba a salir con la suya Tomás Royo? La solución con que burlaron al susodicho fue continuar la acequia por el único lugar posible, por dentro de la montaña. Así que pidieron permiso al tío Blas, el Gabachero, para cavar el túnel bajo su propiedad, tal como hoy podemos ver en las inmediaciones de la balsa, recorriendo aproximadamente diez metros bajo la peña rocosa, con una anchura aproximada de medio metro y una altura de más de dos(8). Como huella de este suceso, si observamos la peña que se hunde en el suelo de la placita del molino, se aprecia que está tallada una curva, que era trazado original de la acequia. Tempranas y continuas modernizacionesAunque desconocemos el año exacto en que comenzó a funcionar el molino como tal, vamos a suponer que no sería mucho más tarde de 1890, cuando está documentada su construcción en el catastro. Ahora volvamos sobre un detalle valioso de la noticia de 1898 que no debemos pasar por alto. A los pocos años de comenzar a operar instalaron una turbina, para sustituir al sistema tradicional de propulsión de los molinos: el rodete, unido al árbol y a las muelas. Posiblemente se hizo evidente a los dueños que el pequeño salto de agua, de menos de cinco metros y el necesario reparto del agua, era insuficiente en muchas ocasiones.
El molino Bajo no tiene un cubo, como los más antiguos. La turbina(9) era un gran avance que en el molino de la Cueva no se instalaría hasta los primeros años 30, ya que tenía una potencia mucho mayor gracias a su salto de agua. Otra deducción que podemos lanzar como hipótesis, es que en 1898 el molino Bajo ya era rentable, pese a la competencia, pues afrontaron una importante inversión de futuro que les permitiría moler más cantidad de cereal. No obstante, con la instalación de la turbina, los molinos perdían parte de la altura del salto original. Los rodetes se instalaban en la parte más baja del edificio, prácticamente a la altura del río y los cimientos, y con un eje directo a las muelas, mientras que las turbinas se colocaban en las dependencias más bajas, pero no en el cárcavo, ya que había que mantenerlas, ajustarlas y disponer de más espacio para los engranajes, árboles y correas que transmitieran la fuerza de su eje horizontal al vertical de las muelas. La turbina del molino Bajo está metro y medio por encima del río. La turbina que montaron en 1898 no es la que hoy vemos en el molino Bajo. Según nos relata Facundo, su tío Donato, uno de los copropietarios y molineros del molino Bajo, se cansó de la limpieza que le requería la turbina y acabó rompiéndola, (calcula que aproximadamente por 1912-14), por lo que volvieron a utilizar el tradicional sistema de rodete. Al parecer, se introducían entre los álabes tierra y hojas que llevaba mucho trabajo quitar.
A comienzos de los años 30 los propietarios decidieron volver a invertir en la modernización del molino. Nos informa Facundo que invirtieron 30 o 40.000 pesetas de la época en la nueva maquinaria, la turbina, nuevas muelas y un motor de gasoil. El motor de gasoil era para poder moler cuando faltara agua. Vinieron
unos años muy secos y en aquel entonces molieron muchísimo. Le sacaron
mucha rentabilidad. Nos cuentan la anécdota de que era tal la escasez de
agua que no había suficiente ni para la refrigeración de motor de
gasoil. Algunos clientes que esperaban, para disminuir la espera, ayudaban a los
molineros a recoger agua del cercano "pocico Torres" en el río,
para la refrigeración del mismo. Cuando al cabo de los años, en
la posguerra, se rompió el motor, el mismo montador les compró el
bloque motor, ya que era tecnología alemana, escaseaban los motores y los
repuestos y lo pensaban tomar como modelo. Comprobaron que se podía hacer
funcionar y les pagaron prácticamente lo que les costó nuevo unos
años antes. Facundo nos cuenta que Mosén Melitón, el cura que ejerció en Blesa entre 1916 y 1933, le dijo alguna vez a su padre:
También instalaron la gran turbina de aspiración que hoy podemos visitar en el sótano. Como el salto de agua del molino era pequeño, colocaron una gran turbina de 1,60 m de diámetro, que según luce la placa, es del fabricante Juan Bandrés, de Tolosa (Guipúzcoa). Para introducirla en la estancia del molino donde se montó, rompieron el techo de la misma y la bajaron al sótano entera. Tras ello volvieron a cerrar la bóveda, tal como se aprecia en la habitación. La inauguraron fue el 10 de agosto de 1934, fecha que Facundo recuerda muy bien por que dicho día se cayó de cierta altura, dejándole una señal en la cabeza. La característica de esta turbina, más moderna tecnológicamente que la primera, es que realiza fuerza a la entrada del agua, por su peso, y también al expulsarla hacia abajo, por el vacío de presión que produce. Según nos comenta Facundo, esta gran turbina trabajaba muy bien con un flujo de 200 litros por segundo, si bajaba a 150 l/s había que parar y esperar a que se llenara la balsa. Hay apenas cuatro metros de altura entre la balsa y la entrada de la turbina (entre la balsa y el viejo rodete del cárcavo habrá unos cinco). En 1933/34 también incorporaron nueva maquinaria en el molino, del fabricante
y mecánico José Asensio (Zaragoza). Las máquinas estaban
pensadas para automatizar aún más los procesos de molienda. Se introdujo,
por ejemplo, la "dechinadora" que se utilizaba a modo de porga para separar
piedras y clasificar el grano. Y también se desplazaron las muelas de lugar. Trabajando en el molinoEl molino trabajaba muy bien en otoño e invierno, cuando no había regantes y disponía de casi toda el agua. Sus clientes eran generalmente de Blesa, pero también de otros pueblos como Cortes o Plenas. Siempre fue un molino muy descansado para el molinero, y molió mucho, a pesar de que no tenía el agua disponible en exclusiva, como ocurría en el Hocino. Facundo nos recuerda algunos detalles técnicos del trabajo en el molino, como que las piedras de moler eran francesas, de la Ferté de 1,40 m de diámetro y pesaban aproximadamente una tonelada. Estas debían de girar entre 130 y 140 veces por minuto. Si giraban más rápido estropeaban el grano y la harina era de peor calidad. Las partes móviles y rodamientos se solían engrasar con sebo. En este molino molía de 130 a 140 Kg por hora. Si se quería hacer más, empeoraba la calidad. Recordemos que cada talega contenía 70 Kg, y que los molineros cobraban tres almudes de harina por talega. El desgaste de las piedras era constante, y si se molía día y noche, cada cuatro o cinco días debían de proceder a picar los relieves de las mismas para que conservasen su poder abrasivo. Hay otro tipo de piedras, las artificiales de cemento que no requerían tanto mantenimiento y si se usaban bastante era suficiente con picarlas cada medio año. El relieve de las piedras no es uniforme, y Facundo nos cuenta que del interior al exterior las rayas se dividen en: pechos, antepechos y molientes. Se trata 14 ó 16 radios y dos o tres bandas (llamadas machones o rayones). En la fachada del molino Bajo de Blesa se reproduce con fidelidad el grabado de las muelas de molino. En concreto este esquema reproduce el de una de 1,40 m de diámetro. Las herramientas para devolver el "vigor" a las piedras eran: las bucharras que son una especie de molde o plantilla para hacer los molientes y otra para los rayones. Los picos para picar las piedras y repasar sus relieves deben ser bastante precisos. Facundo nos dice sobre los martillos: el pico llano y el de punta para picar los rallones y piquetas para los molientes. Estos picos debían tener un punto concreto de dureza; si el metal era relativamente blando se quedaba romo enseguida, y si era muy duro, rebotaba y lanzaba chispas. El padre de Facundo solía llevar a templar sus herramientas a un herrero muy bueno en la técnica de templar las herramientas que trabajaba en Burbáguena (a mitad de camino entre Calamocha y Daroca)(11). También recuerdan que había un "Picalimas" en el Paseo de los Plátanos de Zaragoza donde compraban o afilaban alguna herramienta. No todo era fundir y picar, también había que unir piezas, como la muela volandera (la que gira sobre la muela solera) con la "labija" con el árbol. Para soldarla, nos contaba, "echábamos azufre y pegaban" al fundirse. ...Y jugando en el molinoVarios blesinos nos han dado testimonio de que en el molino no sólo se trabajaba, sino que también jugaban. Manuel Artigas (el Majete) y Facundo nos recuerdan que en el mismo patio del molino practicaban algunos de los juegos populares de fuerza y habilidad. Destacan el de ver quién llegaba más lejos en tres brincos sin carrerilla. Se saltaba desde la puerta, y en tres saltos seguidos había quienes llegan al primer escalón o al segundo de los que suben hacia la máquina de porgar el grano, camino de la cocina. Otro "deporte" popular era el levantamiento de talegas, en el que los molineros solían llevar la ventaja de su gran práctica. Las talegas llenas de grano pesaban 70 Kg, más uno del propio saco. Había quienes eran capaces de levantar incluso dos talegas. Una saga de molinerosLa secular práctica por la que los oficios pasaban de padres a hijos, no es nunca más cierta que en el caso de esta familia de molineros:
El extraño paréntesis de la guerra civilA las pocas semanas de comenzar la guerra civil española de 1936, la zona de Blesa fue ocupada por columnas anarquistas que habían partido de Cataluña para liberar Aragón, cuyas capitales y zona occidental estaba en manos de los militares rebeldes. Fieles a su ideología libertaria, en todas las zonas bajo su dominio, que comprendía gran parte de Aragón, pretendieron eliminar el capitalismo y el individualismo, construyendo una nueva sociedad idealista, igualitaria, donde no existía propiedad privada, los bienes de producción estaban colectivizados y cada cual trabajaba para el esfuerzo comunitario y de guerra, recibiendo a cambio lo suficiente para vivir, directamente en especie (alimento, ropa, asistencia de otro tipo...). Desde 1936 a 1937 los Comités anarquistas dominaron esta zona, al margen del poder central republicano que intentaba organizar en la retaguardia un Estado y un nuevo Ejército Popular. Los molineros siguieron trabajando en el molino Bajo, pero en consecuencia al nuevo sistema económico, trabajaban y molían para cualquier vecino sin cobrar maquila. Los agricultores, pastores, artesanos trabajaron de igual modo.
Mediado 1937, el gobierno republicano fue recuperando el control de las zonas que estaban bajo el control de las colectividades anarquistas, normalmente utilizando la fuerza; en Blesa se deshizo la colectividad, y los molineros volvieron a moler, cobrando la maquila. Antimo pudo entonces volver a acumular un gran volumen de trigo. Pero en plena guerra civil, los encargados de abastos vinieron un día a Blesa y le requisaron todo lo acumulado para las necesidades de guerra. Desde ese momento, siguió trabajando y cobrando la maquila, pero tampoco
esta vez podría beneficiarse de su trabajo. El trigo acumulado hasta 1938
se lo llevaron de nuevo, pero en este caso, los del otro bando, cuando el ejército
de los nacionales tomó esta zona de la provincia. Antimo y toda su familia salieron de Blesa cuando el frente de Rudilla se desmoronó en la ofensiva de marzo de 1938 y los nacionales llegaron a Blesa precedidos del bombardeo(14). Antimo tardó en volver, y Facundo un tiempo, durante el cual el molino lo estuvieron utilizando como propio los propietarios del molino de la Cueva, ejerciendo de molineros Julio Salueña y el tío Crispín Alconchel.
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Javier Lozano Allueva Agosto de 2002-2003 |
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Este artículo debe su existencia principalmente a los datos proporcionados por Facundo Serrano Nebra y también a Vicenta Blasco Carbó y Mª Teresa Serrano Blasco. Entrevistas realizadas entre 2001 y 2003. Nuestro agradecimiento a todos ellos.
- Ignacio Navarro Luño, "Molineros y molinos". Cuadernillos
culturales nº 9. Asociación Cultural Manuela Sancho de Plenas, 1991.
1.- Certificación catastral descriptiva y gráfica, de referencia catastral 8069802 XL7476N 0001 LG, expedida el 23 de noviembre de 2001 por la Gerencia del Catastro de Teruel, Delegación de Economía y Hacienda (Ministerio de Hacienda). 2.- Heraldo de Aragón, 13 de septiembre de 1898. 3.-Censo electoral de 1890 y 1897. Archivo Histórico Provincial de Teruel. 4.- Los libros de contribución
urbana o industrial de que disponemos son varias décadas anteriores y posteriores
y no nos ayudan en esta cuestión. También consultamos los tradicionales
anuarios en que se relacionaban los funcionarios, comercios, industriales y artesanos
de cada localidad. No hemos encontrado ninguna referencia a Andrés Cólera,
si bien es cierto que los anuarios de comienzos del siglo XX solían recoger
menos datos que los de cuarenta años más tarde. 5.- Censo electoral de 1897 de Blesa. AHP de Teruel. No obstante, esta fuente tiene el inconveniente de que sólo aparecen los mayores de 25 años. Puede que viviesen más molineros. 6.- A finales del siglo XIX todavía estaban próximas en el tiempo las desamortizaciones de bienes municipales, que los municipios sufrieron a partir de 1855. De Blesa, el gobierno subastó el molino, la posada y los hornos del Ayuntamiento. Según hemos rescatado de diversos Boletines Oficiales de Ventas en el AHPT, y Archivo Hemeroteca Municipal de Zaragoza. A las desamortizaciones dedicaremos un futuro artículo. 7.- Esto entra en aparente contradicción con el hecho de que hacia 1931 una sociedad blesina comprase el molino, lo reformase y lo aprovechase como salto para generar electricidad, como así sucedió. 8.- Este túnel aparece fotografiado en el libro de José Ángel Sesma Muñoz, Juan F. Utrilla y Carlos Laliena, "Agua y paisaje social en el Aragón Medieval. Los regadíos del río Aguasvivas en la Edad Media". (Confederación Hidrográfica del Ebro, 2001). En su página 18 aparece identificado como un Qanat, seguramente porque le atribuyeron una antigüedad mayor de la que desvela este testimonio. Los qanat eran galerías subterráneas excavadas para explotar las aguas infiltradas para el riego. 9.- El hecho de que nos comenten el tipo de turbina que se instaló no es baladí, ya que permite situar temporalmente esta mejora tecnológica. El tradicional engranaje entre la fuerza del agua y el molino, el rodete, consistente en una rueda con álabes (paletas) que giraba horizontalmente en el cárcavo, apenas sufrió innovaciones técnicas durante siglos. Mediado el siglo XIX se empezaron a implantar las turbinas metálicas de tipo Fontaine. Con ellas se aprovechó mucho más la energía del agua, debido a sus álabes en forma de cuchara y su mejor ajuste. También mejoró la robustez del mecanismo y necesitó menos mantenimiento. A la turbina Fontaine le seguirían los tres tipos que han llegado hasta hoy: la Pelton, la Kaplan y la Francis. 10.- De esta época se conservan libros de contribución industrial en las que aparece ambos molinos, sus propietarios y el impuesto que pagaban:
11.- José Lázaro de Burbáguena (Teruel) era considerado por todos los molineros, como el mejor templador de los alrededores. Ignacio Navarro Luño, "Molineros y molinos". Cuadernillos culturales nº 9. Asociación Cultural Manuela Sancho de Plenas, 1991. Pág. 38. 12.- Esta central eléctrica de Rivera, Bernad y Cía, está enclavada en el río Martín, próxima a Albalate del Arzobispo y estuvo en activo desde 1904 a 1964. Desde 1989 fue, al parecer, una central de reserva de la compañía Eléctricas Reunidas de Zaragoza. 13.- Algún miembro de la familia cree que Avelina se apellida Cólera de segundo. Quizá fuera pariente del Andrés Cólera que construyó el molino y por ello se lo vendió a Prudencio. 14.- En su huida, algunos miembros de la familia llegaron hasta Barcelona, a través de una ruta que pasó por Arnés, el primer pueblo de Tarragona. 15.- El documento notarial de tal venta fue realizado por el notario Miguel Ángel Rufas Abenoza, de Montalbán, iniciado en diciembre de 2001 y cerrado el 12 de febrero de 2002. |
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Última actualización: 7 de noviembre de 2003
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