Hace unos meses me sorprendí al conocer la existencia de un billete de curso legal, durante la guerra civil de 1936, propio de Blesa.  Apareció, como tantos otros, en la obra "Historia de la moneda y el dinero", editado por el periódico Heraldo de Aragón.  En esta obra, de José Luis Corral Lafuente, una de sus partes se dedicaba a una edición facsímile de billetes que editaron diversos municipios aragoneses en aquellas circunstancias tan excepcionales (como los cercanos: Azuara, Plou, Herrera de los Navarros, Villar de los Navarros, Utrillas, Montalbán, Lécera o Lagata).

Yo, como coleccionista de monedas aficionado, conocía de la existencia de monedas y billetes de ámbito municipal creados durante la guerra civil, pero no se me había ocurrido investigar la existencia de una moneda local, porque nunca me habían hablado de ella, y consideraba, ingenuamente a la vista de lo ocurrido, que de haber existido tal curiosidad, ya la conocería.


El porqué de las monedas locales

Durante la Segunda República circulaban en España diversos billetes de entre 1.000 y 25 pesetas y varias monedas de diferentes metales: de plata de 5, 2, 1 y 0,50 pesetas; de cupro-níquel de 0,25 pesetas (el real), y de cobre de 10 (la perra gorda), 5 (la perra chica), 2 y 1 céntimos.

Al fracasar parcialmente el alzamiento militar de 1936, la situación originó una guerra que pronto se adivinó larga.  Por ello, una de las preocupaciones de ambos bandos fue la obtención de divisas para efectuar los pagos en el extranjero.  El Gobierno de la República tenía en su poder las reservas de oro del Banco de España, que podía utilizar para comprar las necesarias importaciones.  La peseta perdió valor en los mercados de divisas internacionales y se vio la necesidad de atesorar todos los metales valiosos, convertibles en divisas o útiles desde el punto de vista industrial.  También la gente atesoraba, a pesar de los decretos que lo prohibían en ambas zonas, las monedas, joyas y cualquier valor convertible en dinero en el incierto futuro, desaparecieron de la circulación las monedas de plata existentes (que el mismo Gobierno retiraba a medida que llegaban a sus arcas) y las monedas de cobre y hierro que emitió el gobierno republicano ya iniciada la contienda.


Arriba moneda y sellos-moneda emitidos durante la guerra civil de 1936, por la República. Abajo los emitidos antes de la guerra.
Arriba, moneda y sellos-moneda emitidos durante la guerra civil de 1936, por la República.
Abajo, moneda y billete emitido por la II República antes de la Guerra.

Así pues, el acaparamiento de la moneda fraccionaria afectó tremendamente a la actividad económica, ya de por sí alterada, y obligó, al igual que en otras zonas republicanas, a recurrir a los llamados "vales" y "bonos", que servían especialmente a los comerciantes, para la devolución del cambio de billetes.  Esta forma de dinero fue emitida por ayuntamientos, comerciantes, industrias, transportes públicos, diferentes entidades, etc.  La situación llevó a la F.N.M.T.(Fabrica Nacional de Moneda y Timbre) a confeccionar desde finales de 1938 unos sellos-monedas en cartones circulares con el escudo del Estado grabado en una de las caras y la otra reservada para adherir diferentes sellos de correos.


Monedas y billetes emitidos durante la guerra civil de 1936, por el ejército sublevado
Moneda y billete emitidos por el ejército sublevado durante la guerra civil de 1936.

En Cataluña (zona republicana), la Generalitat emitió antes de la crisis monetaria billetes de 10, 5 y 2,50 pesetas de curso legal en toda Cataluña, además de permitir emisiones fraccionarias menores por parte de los municipios. También el Consejo de Asturias y León emitió billetes de 25, 40 y 50 céntimos y de 1 y 2 pesetas, además de monedas.  En Aragón, que no disponía de la facultad de emitir moneda, se prohibieron expresamente las emisiones municipales.  Los billetes que sustituían a la moneda fraccionaria eran cambiados en los respectivos ayuntamientos o entidad emisora por billetes del Banco de España, lo que garantizaba su valor y el cambio de unos por otros en cualquier momento, ya que el dinero del Banco de España quedaba en depósito, separado de las arcas municipales.  Los billetes locales se retiraron oficialmente de la circulación el 31 de marzo de 1938; pero algunos municipios ignoraron la prohibición y mantuvieron el uso de los billetes hasta el fin de la guerra, entonces se convertirían en papel mojado.  El valor de los propios billetes del banco de España fue siempre en descenso a causa de la inflación y la baja cotización exterior.  Desde el comienzo de la guerra el bando alzado estampillaba los billetes republicanos que circulaban por los territorios que controlaban, y cuando en 1937 se emitieron sus propios billetes (en Burgos), su cotización se distanció mucho de la débil peseta republicana, que se acabaría desplomando al final de la guerra, ya que el nuevo Estado no pensó nunca en cambiar los billetes republicanos en circulación por otros con su nueva moneda.


Los billetes blesinos

Los billetes que emitió el Consejo Municipal de Blesa, circularon desde el 1 de octubre de 1937, fecha que consta en el anverso, hasta marzo de 1938, es decir, apenas seis meses.  El Consejo Municipal era el órgano de gobierno de una colectividad organizada previamente por las milicias anarquistas que tomaron muchos pueblos del Aragón republicano.

Como se puede leer en el billete, estaba firmado por los siguientes cargos municipales:

    El Depositario: Francisco Blasco Calvo.
    El Presidente: Gregorio Artigas Ruiz.
    El Interventor: Martín Salinas Easo
El de 25 céntimos tiene un tamaño de 95 x 59 mm, y el aspecto que puede verse:


Anverso del billete de 25 céntimos de Blesa
Anverso del billete de 25 céntimos, de Blesa
Colección particular de Antonio Pérez

Los dos primeros firmantes eran izquierdistas moderados de Blesa. El tercero no era de esta localidad, había sido secretario en Quinto de Ebro, donde fue hecho prisionero y se le destinó como secretario a Blesa.

El diseño del billete es bastante parco, incluso si se compara con otros de lugares pequeños.  Los pueblos y ciudades más grandes tenían billetes con diseños bastante elaborados, incluso de aspecto profesional (como los de Caspe, Barbastro, Maella, Samper de Calanda). Pero en las fotos no se aprecia bien el detalle que alcanza el cuerpo de este billete. Contiene una filigrana muy elaborada y espesa que conforma el fondo amarillento, tal como vemos en el detalle siguiente:


El fondo en detalle
Detalle del fondo del billete de 25 céntimos
Colección particular de Antonio Pérez


Anverso del billete de 50 céntimos
Anverso del billete de 50 céntimos, de Blesa
Colección particular de Antonio Pérez

Desconozco, por el momento, la tirada y la aceptación que tuvo el billete.

Por cortesía de Antonio Pérez, un blesino coleccionista, sabemos que también existió un billete de una peseta, y otro de cincuenta céntimos menos comunes que el de 25 céntimos en aquellos años.  El diseño de ambos es similar, aunque varían los colores, la orla y el tamaño.

Anverso del billete de una peseta
Anverso del billete de 1 peseta, de Blesa
Colección particular de Antonio Pérez

La inmensa mayoría de los billetes locales llevaban su correspondiente número de serie, impreso o escrito a mano.  En los tres billetes de Blesa originales que nos dejó Antonio Pérez la serie era la "A" y el número de serie era bajo (el mayor era el 3341 del ejemplar de 25 céntimos), como en la mayoría de los billetes de otros pueblos, donde constan números entre los pocos cientos y los cinco mil, salvo en los grandes núcleos de población.  Pero en el de 25 céntimos, que apareció como facsímile, el número de serie era increíblemente alto (cercano al millón) lo que no deja de plantear dudas respecto a las tiradas de cada uno.


Las circunstancias históricas

Durante los primeros años de la guerra civil se instauró en Blesa, como en otros pueblos de Aragón, una colectividad (especialmente abundantes en nuestra zona), amparada en un consejo municipal dirigido principalmente por miembros de la C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo) un partido anarcosindicalista.  La iniciativa no sería de los vecinos, sino de los milicianos anarquistas de la columna Carod-Ferrer que tomó entre otros pueblos Blesa, Moyuela y Azuara.  Como ejemplo cercano del que tenemos datos concretos, la colectividad libertaria que hubo en el pueblo de Plenas existió desde el temprano agosto de 1936 hasta marzo de 1938.  Al amparo de las circunstancias, por la falta de poder del Gobierno republicano, se confiscaron tierras y ganados de los propietarios más ricos y se aportaron a la colectividad las del resto, que en muchos casos habían huido ante la inseguridad de la situación.


Reverso del billete de 25 céntimos de Blesa
Reverso del billete de 25 céntimos, de Blesa
Colección particular de Antonio Pérez

Mucho antes, en 1932 y 1933 los anarquistas ya promovieron sublevaciones en algunos pueblos del Bajo Aragón, donde un comité revolucionario sustituyó al Ayuntamiento, para planificar la organización colectiva del trabajo y del consumo.  En su afán de ruptura con el pasado e independencia, se quemaron los archivos municipales y parroquiales, los registros de la propiedad y quedó abolida la moneda.  Ni siquiera hubo entonces una organización que coordinara a las diferentes colectividades, por lo que el Ejército y la Guardia Civil abortaron con gran contundencia, pero sin gran oposición, estos procesos revolucionarios.

Las colectividades que se organizaron durante la guerra se beneficiaron, por el contrario, de la situación de inseguridad como consecuencia de la guerra y de la virtual desaparición del poder del Estado, lo que sin duda condicionaría la actitud de los pobres campesinos.  De hecho, muchas de las colectividades creadas en los pueblos turolenses lo fueron por miembros o grupos de C.N.T. ajenos a los mismos, ya fueran libertarios huidos de la zona nacional (recordemos que los núcleos urbanos como Zaragoza cayeron en manos del ejército insurgente) o columnas provenientes de Cataluña.

Pero, como en otros tantos experimentos políticos realizados en el siglo XX, las idealistas reformas que algunos concibieron tuvieron un pálido reflejo en la vida real.  Las tierras y los aperos sin propietario eran poco cultivadas y maltratados éstos.  El ganado común o expropiado no se criaba con un plan de futuro.  Las provisiones y productos fueron racionados y distribuidos mediante el canje por bonos en función del número de miembros de las familias, pero en una sociedad dividida políticamente no se podía esperar equidad ni evitar los favoritismos.

En agosto de 1937 el Gobierno decidió liquidar el Consejo de Aragón, debido a motivos políticos y a su autonomía.  La columna del comunista Lister, al mando de la División 27º destruyó las colectividades de Muniesa y su entorno.  En Blesa hubo, particularmente, una fuerte represión contra los miembros de la C.N.T.  No obstante, en Plenas continuó funcionado la colectividad, pero ahora gobernada conjuntamente por la C.N.T. y la U.G.T.

El Consejo Municipal que editó el billete empezó a regir el 19 de septiembre de 1937, sustituyendo al cuarto comité de la colectividad anarquista.  Tras la caída del Consejo de Aragón, eminentemente cenetista, un gobernador general de Aragón de signo republicano, José Ignacio Mantecón, introdujo profundos cambios en los gobiernos locales, cuando las colectividades pasaron a ser de pertenencia voluntaria y la CNT se vio obligada a compartir el poder con miembros de la izquierda moderada.  De hecho, este Consejo Municipal tendió a hacer desaparecer la colectividad y a repartir los bienes colectivizados por los comités anteriores.  Pero a finales noviembre de 1937 este Consejo Municipal será atacado por los anarquistas y se volverá a instaurar un nuevo Comité que durará hasta el fin de la guerra en esta zona.

En cualquier caso, esta situación terminó con la toma del pueblo por las fuerzas sublevadas el 9 de marzo de 1938 (fecha que consta en una inscripción manuscrita que realizó el párroco Rogelio Carod en las tapas de un boletín eclesiástico, allá por 1943, para justificar la falta de boletines hasta dicha fecha).  Es claro síntoma de aquellos tiempos de furia el hecho de que si las colectividades no desaparecían bajo el yugo de las fuerzas nacionalistas, lo hacían en otros lugares bajo la hoz de las columnas comunistas.

Quedan todavía por averiguar muchos detalles concretos de este punto oscuro de nuestra historia, como quiénes eran las autoridades públicas de Blesa que lo firmaron y otros datos de la Colectividad, que intentaremos recuperar de la memoria de los testigos de aquella época.


El anarquismo en su marco social

El anarquismo es una ideología internacionalista que cree en la libertad individual por encima de la de cualquier forma de organización o cooperación no voluntaria.  Ataca, por lo tanto, las bases mismas de los gobiernos, las naciones y otras organizaciones religiosas o militares, e incluso la propiedad privada como reacción al capitalismo.

Con estos presupuestos, que muchos podríamos acoger como naturales a la condición humana, se pueden desarrollar unos ideales teóricos y pacifistas muy propios de los individuos que han crecido en una sociedad desarrollada materialmente, con una clase media muy extensa entre la población, como ocurre hoy en día.

No debemos olvidar, por tanto, si queremos entender a los movimientos anarquistas pasados, el tiempo y contexto social en que se fraguó y desarrolló el anarquismo europeo.  La norma general de vida era la miseria de la población, incluso el hambre, falta de educación y formación, con los centros de producción (tierras o industrias) concentradas en gran medida en manos de una clase social que controlaba directa o indirectamente la política incluso en épocas de apariencia democrática.  Por lo tanto, no deben extrañarnos las interpretaciones dispares y las acciones radicales derivadas de la idealista filosofía anarquista: la lucha por la igualdad y la revolución social.

El anarquismo estuvo muy extendido en Aragón y Cataluña.  El historiador Carlos Serrano Lacarra cree que la implantación de las tesis más radicales del anarquismo en Aragón «pueden deberse a que el escaso grado de desarrollo económico acogería mejor los ideales preindustriales y precapitalistas defendidos por los libertarios, que además poseían fórmulas organizativas más autónomas y escasamente jerarquizadas» [frente a las tesis comunistas].  Desde los últimos años del siglo XIX varias publicaciones zaragozanas (como El Rebelde y El Comunista) difundían el ideario anarquista.  No obstante, el anarquismo aragonés era predominantemente urbano, porque en el campo aragonés estaba más implantada la U.G.T.

En torno a 1910 se integrarían diferentes tendencias anarquistas poniendo en práctica el anarcosindicalismo, una suerte de sindicalismo revolucionario, sistematizado por la Confederación Nacional del Trabajo (C.N.T.).

Durante la Segunda República, la desilusión por la lentitud o incluso la paralización en las reformas sociales llevó a la C.N.T. a liderar numerosas huelgas y a la instauración de Colectividades en varios pueblos, como ya se mencionó anteriormente.  De hecho, la alta conflictividad social y laboral que inducían los movimientos anarcosindicalistas, entre otros, dio un motivo de unidad a las fuerzas de derechas que ganaron las segundas elecciones republicanas, poniendo patas arriba las medidas reformistas del gobierno de Azaña.  Por supuesto, durante el bienio de gobierno de la centroderecha (1934-35) continuaron las insurrecciones, huelgas e incluso atentados.  En las elecciones de 1936, aprendidas varias lecciones políticas, los partidos de izquierdas se aliaron en el Frente Popular, y la C.N.T. se manifestó ¡neutral! dando libertad para votar a sus afiliados (era todo el pragmatismo que se podía esperar de un idealismo casi suicida, siempre en el filo de la navaja entre el antagonismo con el poder y la necesidad de tomar posiciones en un sistema democrático).

Tras el estallido de la guerra civil surgió la oportunidad de llevar a cabo plenamente el experimento social de las colectividades, organizadas mediante el Consejo de Aragón, dominado por dirigentes de la C.N.T. hasta su disolución en 1937.  Cuando el anarcosindicalismo tocó poder tuvo que hacer frente a toda suerte de enemigos, ya que por sus ideales hubo de luchar tanto con fascistas tradicionalistas, comunistas totalitarios o repúblicas desplumadas.  Seguramente al finalizar la guerra, con la derrota del bando republicano, más de un político izquierdista, revolucionario o comunista aprendería algo con respecto a las prioridades en tiempos de crisis.

Como fruto propio de una estación, el anarquismo no podía sobrevivir a los cambios operados en la sociedad europea tras la derrota de los movimientos fascistas.  Desaparecido el contexto que lo hizo posible, tomados sus mensajes y sus símbolos por otros movimientos sociales, el anarquismo se difuminó quedando sólo el recuerdo de sus justos ideales y las crueles contradicciones que sacan a la luz todas las revoluciones.

F.J.L.A.
Zaragoza, septiembre de 1998 - enero 1999

Bibliografia

- José Luis Corral Lafuente, "De la peseta al euro.  Historia de la moneda y del dinero".  Heraldo de Aragón, 1998.
- Fernando Eguidazu, "Moneda y control de cambios en la guerra civil", La Guerra Civil, nº 16, Historia 16
- Julián Casanova,  "Las colectivizaciones", La Guerra Civil, nº 16, Historia 16
- Carlos Serrano Lacarra, "Anarquistas en Aragón", El Periódico de Aragón, 10 de enero de 1999.
- Julián Casanova Ruiz, "La Guerra Civil: el Aragón republicano", publicado en Historia Contemporánea de Aragón, Heraldo de Aragón, 1993.
- Diversos catálogos numismáticos.


Agradecimientos

- Ante todo a la esencial colaboración del blesino y coleccionista particular, Antonio Pérez, que nos proporcionó los tres billetes originales, para su inclusión en nuestro artículo.
- Y a la inestimable información de los testimonios recogidos en el pueblo.


Para saber más...

- Ángel S. Tomás del Río, "La Guerra Civil en Plenas"  Cuadernillos culturales nº 8.  Publicación de la Asociación cultural "Manuela Sancho" de Plenas (Zaragoza).

- Julián Casanova, "Anarquismo y revolución en la sociedad rural aragonesa 1936-1938", Historia de los Movimientos Sociales.  Siglo Veintiuno editores, 1985.

- Julián Casanova Ruiz, "Guerra Civil y colectividades campesinas en la provincia de Teruel", publicado en la revista "Encuentro sobre historia contemporánea de las tierras turolenses", 1986.



Blesa, un lugar en el mundo.
Última actualización: 19 de abril de 2001