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Homenaje a los viejos.
Por vez primera se ha celebrado en esta localidad la fiesta de Homenaje a los
viejos. Tuvo lugar el día cinco del actual, festividad de la Ascensión,
y resultó solemnísima y simpática a todas luces.
A
las cuatro de la tarde se congregó frente a la Casa Consistorial numeroso
público y acudieron las niñas y niños de las escuelas nacionales,
con sus respectivos profesores.
Los ancianos homenajeados, que fueron todos los de setenta y cinco años
en adelante, el Ayuntamiento, el juez municipal, el Consejo local de Primera Enseñanza
y el Patronato local de este homenaje, constituyeron la presidencia y dio principio
el acto cantando niños y niñas el hermoso himno patriótico
"España, Patria querida". Seguidamente, el señor cura
párroco, don Melitón Beltrán, con la elocuencia que
le es peculiar, explicó el alcance e importancia de esta fiesta, agradando
sumamente al auditorio cuanto dijo referente a este particular.
El secretario del Ayuntamiento, don Evaristo Lou Artigas, en nombre
del alcalde, hizo el ofrecimiento del homenaje y recitó la bellísima
poesía de Romaní de Céspedes "Lo que piensa un viejo".
Las niñas María Pradas, Josefa Sanz y María Cruz Lahoz
y los niños Enrique Arnal, Antonio Serrano, Nicanor Ruiz y Tomás
Sanz, dijeron admirablemente discursos y poesías alusivos al acto.
El maestro don Julián Calvo Marcuello pronunció un bellísimo
discurso, que entusiasmó al público e hizo llorar de emoción
a los viejecitos y a mucha gente joven.
Niños y niñas cantaron muy bien los cánticos escolares
"El oficio", "La caridad" y "Lo blanco", recibiendo
todos en general grandes ovaciones de la numerosa concurrencia.
A los ancianitos les fueron entregadas por los niños seis pesetas
a cada uno, que fue lo que les correspondió de lo recaudado de la suscripción
abierta a tal fin.
Este humilde corresponsal se complace en felicitar muy cordialmente a las autoridades
mencionadas y a cuantas personas han contribuido con su óbolo y colaboración
a dar realce y efectividad a este nuestro primer homenaje de amor a los viejecitos,
que aunque primero y sin la preparación debida, resultó brillantísimo.
Deseamos para años sucesivos que continúe celebrándose, cada
vez con mayor entusiasmo, esta fiesta de amor y de paz.
C.
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Si hacemos caso al corresponsal, aquel jueves 5 de mayo
debió ser un emotivo día para los blesinos. Lástima que entonces
no se pudiesen rodar vídeos como los que ahora conservamos de nuestro homenaje
a los maestros. La pregunta que nos gustaría responder es, cuántos
ancianos había en Blesa mayores de 75 años. Qué duda cabe
que en las primeras décadas del siglo XX sería una edad respetable.
Con ello también sabríamos cuanto recaudaron los blesinos para la
suscripción del homenaje.
No ha sido posible encontrar el libro con la poesía de Arturo Romaní
Céspedes que leyó el secretario, en nombre del alcalde, (a pesar
de encontrar libros suyos en varias bibliotecas zaragozanas). Pero, ¿por
qué esta sustitución de lector? ¿quizá el alcalde
estaba ausente o es que no se atrevía a leer poesía?
Aunque pueda parecer que podríamos recuperar más detalles a través
de aquellos siete niños mencionados en el artículo, que ahora entrarán
en el rango de edad de los entonces homenajeados, tras el largo tiempo transcurrido
varios han fallecido y los supervivientes no recuerdan aquella jornada con claridad
ni algo especial. Otros ancianos blesinos que bien pudieron vivir aquel día
con mayoría de edad no guardan un recuerdo de aquel día, por lo
que podemos deducir que no fue una fiesta muy celebrada.
El blesino Tomás Sanz, uno de aquellos niños, recuerda,
a pesar de los 70 años transcurridos, el comienzo de aquella poesía
que su maestro D. Julián le inculcó para la ocasión, posiblemente
la titulada LA CARIDAD (según el artículo), que decía:
Érase un hombre y su nombre
cual veis en silencio pasó,
pero lo importante del caso
no es el nombre sino el hombre.
Cuentan de él que era inhumano,
tanto que, con cara impía,
viendo a un pobre le decía:
"Perdona por Dios hermano".
Un día desde el balcón,
limosna a un pobre le arrojó.
Un vecino que lo ve, le dice: "¿No te sonroja?
La limosna no se arroja,
se besa y se da en la mano".
En los homenajes que organizaron otros pueblos también entregaron pequeñas
pensiones a los ancianos. Lo entregado en Blesa, (al cambio cuatro céntimos
y medio de euro) equivalía entonces a una buena propina. Y como curiosidad
histórica para valorar la cuantía de la "pensión"
sabed que desde el 1 de enero de ese año, la suscripción a Heraldo
de Aragón por un mes costaba 2,5 ptas. o 7,5 al trimestre (un céntimo
y medio de euro, y cuatro céntimos y medio de euro respectivamente).
Tras hablar nuestro informador con su hermana Josefa Sanz, una de las
niñas mencionadas en el artículo, pudieron recordar otro de los
versos con moraleja. No podemos identificar con seguridad estos versos con ninguno
de los títulos que recoge el artículo, salvo quizás con "Lo
que piensa un viejo", pero esta se supone que la leyó el secretario,
y no los alumnos. En cualquier caso, con dicho poema damos este recuerdo de 1932
por concluido, agradeciendo su buena memoria a nuestros dos informantes.
Te lo aseguro Pascual,
ya no hay más que resignarse
Que el que pudiendo casarse
no se casa, hace muy mal.
Ya ves que situación
la tuya, que desengaños
Llegar a los ochenta años,
achacoso y solterón
Un hombre de tu fortuna,
sin más cariño que el de una
Ama de llaves gruñona.
Y cuando enfermes de veras
Aquí a cuidarte vendrán,
tus sobrinos que estarán
deseando que te mueras.
Que así estás muy bien, corriendo,
Es tu gusto y se acabó.
Pero de este asunto, yo, opino distintamente.
Ese egoísmo es fatal.
Viva solito el que quiera.
Yo sin familia ¡me hubiera
muerto hace tiempos, Pascual!
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