El río Martín goza desde hace tiempo de fama por sus paisajes, por su patrimonio prehistórico, natural y personal. Ofrece preciosos rincones, embalses y lugares emblemáticos. Casi todos los hemos disfrutado y estaban dentro del parque cultural del río Martín, creado hace unas décadas. Este parque está delimitado por las localidades de Albalate del Arzobispo (al Norte) y Montalbán (al Sur).

Por eso me ha sorprendido más poder recorrer, en familia, unos parajes excepcionales, en un afluente de la cabecera del río Martín, que por su belleza geológica y natural merecerían estar dentro de la figura de protección y difusión de tan insigne parque... y no lo están. Supongo que la única razón para no incluirlos es la discontinuidad en el paisaje que hay entre Montalbán y las hoces de Las Parras de Martín. Los kilómetros intermedios, donde el valle se abre, las montañas dejan de ser protagonistas, los pueblos vertebrados por la carretera y antiguamente por la vía del tren de Utrillas (Vivel, Martín) tienen una estética más “vulgar” que los enriscados en los cerros, como Alacón, Oliete, Alcaine, Ariño… o el propio Montalbán.

Las Parras de Martín, senderismo sobre el río GR 262.
Las Parras de Martín, senderismo sobre el río GR 262.

Si no lo conoces ya, te encantarán los paseos desde la localidad de Las Parras de Martín (accesible por carretera desde Utrillas). Es un pueblo serrano, rodeado de altas montañas, y cicatrices que nos hablan del poder de las lluvias torrenciales cuando estas ocurran. El cementerio y la iglesia están a salvo, en las partes altas, porque este pueblo y el valle del río Parras están labrados por la erosiva y estética acción del agua. Demasiado serrano para ser un pueblo grande, aún llegó a tener 240 habitantes. Hoy en día sus casas cuidadas, su parque junto al cauce de un barranco bien arbolado, sus murales y rincones, como el de la casa rural, hablan del amor de sus descendientes por su pueblo.

Las Parras de Martín, bodegón mural.
Las Parras de Martín, bodegón mural pintado por Marta Lapeña.

Pero lo más bonito es pasear por las veras de sus ríos y llegar a ver sus hocinos, sus cascadas. El tiempo de otoño es perfecto para recorrer los senderos de estas montañas y riberas. Se puede ir en familia, y es apto para cualquier persona que pueda andar por caminos. Cuando en el río se llega a parajes más comprometidos por la cercanía del agua, se han dispuesto pasarelas o superficies donde apoyarse y asirse. La vera del río te acompaña un buen rato y permite llegar al antiguo batán y la fuente homónima y desviarse a una pequeña necrópolis.

La tierra ofrecerá al fotógrafo todos los colores de la luz y el agua. Las peñas que rodea el camino tienen buitreras ruidosas y habitadas, y los huecos más espectaculares en la toba de las grandes peñas del llano se convirtieron en apriscos casi cavernícolas con encanto. Pero el espectáculo magnífico son los estratos geológicos verticales, levantados cientos de metros sobre el nivel del pequeño río Parras, que suaviza la dureza de la roca, sustentando flora y fauna, y dejando cada poco rato algún rincón muy pintoresco que te encantará. El límpido cielo azul posterior a unos frescos días de lluvia aportan lo demás.

Las Parras de Martín, bodegón mural.

El punto más lejano de la excursión se corona con una catarata en el hocino del pajazo. Desde la plataforma que hay sobre la garganta a donde cae el río se puede ver bien el embalse de Las Parras, que desagua hacia Vivel del Río, para ir formando el naciente río Martín. Los buitres vigilan cada uno de tus pasos en una zona en la que anidan bien a gusto. Los desniveles son muy vistosos, como olas gigantes. Gracias a las primeras lluvias de otoño el río Martín luce agua en sus cascadas; dos de las tres se habían secado en el verano según me dijeron. (De hecho, a comienzos de octubre incluso está bajando agua por el río Aguasvivas en Huesa del Común).

Las Parras de Martín, bodegón mural.

Aunque el camino GR-262 sigue hacia Vivel y más allá hasta Albalate, nuestra excursión en el día no era para hacer tal travesía, sino remontar el río desde esta estupenda cascada del Hocino del Pajazo, hacia aguas arriba y regresar al pueblo.

Y ahí, remontando el río podrá disfrutar el paseante de un espectacular Hocino, terminado en una cueva, por la que caía agua, no teniendo nada que envidiar al monasterio de Piedra. Se llama el hocino de las Palomas. Su acceso está acondicionado con una pasarela estupenda, que permite acercase a respirar la tranquilidad, la sombra, la fresca humedad recién difuminada cual rocío. ¡Muy chulo! A la sombra de un sólido techo, de destino caprichoso, el aire está perlado del agua atravesada por las agujas de luz solar. Digno todo de mejor fotógrafo.

Las Parras de Martín, bodegón mural.

Mucha belleza en un paseo de menos seis kilómetros entre ida y vuelta. Podría compartir decenas de fotografías más, pero no quiero quitarle la sorpresa y el encanto a tu futura excursión.

Las Parras de Martín, bodegón mural.

Hay algún folleto y mapa (poco necesarios para esta excursión) en Web de turismo de la comarca Cuencas Mineras.