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Una religión, un orden vital.
Alba y crepúsculo,
voz
para los momentos de silencio.
Consuelo para la muerte del hijo,
consuelo
para la muerte de la madre,
tótem
tribal al que acudir
a
bailar la danza de la lluvia,
balsa
de aceite
en
que se han conformado muchos
en su condición.
Ese
es el milagro de
esta fábrica de esquelas.
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