Cada primavera el río llora
cual niño a los pies de la cicatriz del Hocino
llevando la vida que hurtó a sus montañas.

El Aguasvivas se oculta pronto de la vista.
Le han contado que desde hace siglos
en Blesa no le darán reposo.
No dejarán que dé de beber a un pájaro.

Las gotas de rocío de 50 generaciones
fueron robadas.