Una mujer asesinada
Primeras noticias: Cuando ya estaba muy
adelantada la tirada de nuestro número de ayer, se nos dijo que
en la calle de la Zarza había ocurrido un sangriento crimen,
del cual había sido víctima una mujer, y en el deseo de
informar a los lectores con minuciosidad y exactitud, acudimos al lugar
del suceso, comprobando la noticia llegada hasta nosotros.
Ante la imposibilidad de dar amplio relato del suceso, nos limitamos
a incluir en los números que no habían entrado en máquina
todavía de la edición de correo, una ligera reseña
de lo ocurrido, reservando para el número de hoy, casi todos
los detalles que acabábamos de recoger.
El hecho. Martina Domingo Blo [sic, posiblemente
Plou], viuda y natural de Blesa (Teruel), se dedicaba a vender por las
calles frutas y hortalizas, en unión de otra compañera.
Ambas llegaron ayer tarde, próximamente a las cuatro, a
la calle de los Estudios, donde fueron llamadas por una vecina de dicha
calle para comprarles, y cuando esperaban a que bajara la que las había
llamado, pareció un hombre a quien Martina dirigió algunos
insultos, recibiendo de él un fuerte golpe en la cabeza con una
pequeña vara que llevaba en la mano.
La vendedora contestó a la agresión tirándole
una pesa a la espalda.
La escena que siguió a la anterior fue rápida.
El hombre se abalanzó sobre ella, la sujetó de la
cabeza y le clavó hasta el mango un cuchillo de grandes dimensiones,
cayendo la víctima al suelo.
Quiso repetir el golpe el homicida, pero se lo impidieron las vecinas
que casualmente habían acudido, logrando desarmarle.
Al oír aquel las voces demandado auxilio, de las que se
habían entrado de tan trágico, les dijo que no era necesaria
la llegada de los guardias, pues que él solo se presentaría
a las autoridades y se marchó por la calle de San Jorge, sin
ser seguido por nadie.
La herida fue conducida momentos después al hospital provincial,
donde al reconocerla los médicos de guardia señores Lite
y Sala Esteve, apreciaron la gravedad de su estado.
La infortunada Martina Domingo llevaba los intestinos fuera, y
de la grande herida abierta en el costado izquierdo manaba abundante
sangre.
Antecedentes. Martina Domingo, que es de arrogante
figura, quedó viuda hace algunos años,, con un hijo y
una hija.
Aquella marchó a Barcelona, donde se encuentra sirviendo,
y el hijo murió en presidio, al decir de algunos vecinos, donde
se hallaba cumpliendo condena.
Otros dicen que su esposo falleció a causa de las heridas
que le había inferido hacía diez años, el amante
de Martina.
Después de haber estado sirviendo ésta en una cada
de la ciudad, decidió ganarse la vida vendiendo como ahora lo
hacía, y alquiló una pequeña habitación
en el piso último de la casa número 17 de la calle de
los Estudios.
La casualidad hizo que en el número 14 viviera en compañía
de su padre un sujeto llamado Mariano Serrano Cortinas, de oficio tratante
en caballerías, que es el agresor, y sin saber cómo ni
cuándo, aquella y éste entablaron relaciones, que luego
se convirtieron en ilícitas, pasando Martina a vivir con Mariano
a su casa, si bien conservaba sus muebles en la de enfrente.
Según parece, los genios de ambos no eran los más
a propósito para hacer vida marital y a diario tenían
cuestiones que degeneraban en altercados violentos.
En una de ellas -al decir de algunos vecinos- Martina cayó
por la escalera abajo, tal vez empujada por su amante, si bien al ser
conducida al hospital para su curación, manifestara que le accidente
había sido casual y producido por haber sufrido un síncope.
Como los disgustos se sucedían con demasiada frecuencia,
Martina decidió separarse de Mariano llevando a la práctica
su propósito sin que le amedrentaran las amenazas de éste,
quien le decía que al asesinaría si lo abandonaba.
Cuantas veces se encontraban se repetían las amenazas, y,
últimamente ya se conformaba Mariano con que aquella se marchara
de Zaragoza, pues de no hacerlo así no respondía de lo
que pudiera ocurrir.
Tales y tan continuas eran las amenazas de Mariano, que Martina
aconsejada por algunas amigas se marchó a un pueblo donde reside
una hermana suya, y contra la voluntad de ésta, que presagiaba
funesto desenlace, regresó a Zaragoza hace próximamente
unos 15 días, dedicándose de nuevo a su antiguo oficio.
Detención del agresor
Desde que fue conocido tan tráfico suceso, la policía
buscaba a Mariano Serrano, pues contra lo que había prometido,
no se había presentado a las autoridades.
Anoche, a las diez, una pareja de orden público al pasar
por la calle de las Vírgenes, observó que en uno de los
patios de dicha calle se escondía un hombre cuyas señas
coincidían con las del que se buscaba, y al ser detenido manifestó
que él era el autor del crimen de la calle de la Zarza.
A las doce del día, Martina Domingo continuaba hoy en gravísimo
estado en el hospital provincial.
Se cree inminente su muerte.
Entre los vecino de la calle del Espino es hoy tema obligado el
suceso de ayer.
Hacemos muchos comentarios y cada cual aporta un dato acerca de
las causas del suceso, y creyéndose mejor enterado que los demás,
procura satisfacer la curiosidad de los que interrogan, entrando en
detalles y consideraciones que no creemos necesario acoger.
La noticia y el hecho son horriblemente truculentos, a pesar de lo cual
trascribimos la noticia, porque al margen de ellos el resto de los párrafos
hablan por todos sus palabras de las desgraciadas vidas que llevaban las
familias desarticuladas. Es un retrato de la vida diaria. Nos habla tanto
de los oficios que estaban abocadas a tener las mujeres, del mal destino
del hijo sin padre. Nos habla de cómo vendían en la Zaragoza
decimonónica. Confirma que la naturaleza de lo masculino empuja
al nacido hombre a una senda de violencia que tiene poco de cultural y
mucho de hormonal, al margen de la civilización, la cultural y
el tiempo. Comentar que en la redacción de la noticia de "La
Derecha" hay un error en que no caen otros diarios, y es que la puñalada
primera fue en el abdomen, y la que iba a asestar en el cuello un intento
detenido por los vecinos.