Blesa
Santa Misión.- Dispuestas por el excelentísimo
señor Arzobispo, hemos tenido y disfrutado en esta parroquia una
semana de Misión, cuyos ejercicios han estado a cargo de los reverendos
padres Modesto Joreano y Ángel Fandos,
del Inmaculado Corazón de María, de la residencia de Calatayud.
Procedentes de Loscos llegaron aquí los PP. Misioneros
el domingo 4 de marzo, a última hora de la tarde, siendo
recibidos en las afueras por el párroco don Melitón
Beltrán, autoridades civiles y judiciales, niños
de las escuelas con sus maestros, cofradías religiosas y el pueblo
en masa, formando todos ordenada y nutridísima procesión,
salida de la iglesia parroquial. Hechas las necesarias e imprescindibles
presentaciones, el niño José Muniesa saludó
y dió la bienvenida a los PP. Misioneros en nombre de todo el pueblo,
recitando sentidamente breve y sencilla poesía adecuada al acto,
e inmediatamente regresamos a la iglesia, donde los misioneros, después
de saludar a los presentes, mostrando su agradecimiento a la inmensa concurrencia
por el recibimiento que se les había dispensado, trazaron el orden
a seguir en los actos de la Santa Misión, ofreciéndose finalmente
al pueblo todo para su asistencia espiritual.
De dos clases han sido lo actos de la Misión: ordinarios y extraordinarios.
Han consistido los primeros en misa celebrada diariamente a las seis y
media por uno de los religiosos, mientras el otro explicaba puntos doctrinales
importantísimos; ejercicios, a las once, para los niños,
con enseñanza de cánticos religiosos y rosarios a las siete
de la tarde, tras el cual, todos los días, el P. Ángel,
continuando la explicación matinal ha divulgado las obligaciones
del cristiano contenidas en los Mandamientos, y el padre Modesto ha pronunciado,
poseído de verdadera unción evangélica, hermosos
sermones morales acerca de puntos trascendentalísimos y asuntos
a cual más sugestivos lógicamente expuestos y bellamente
desarrollados.
Actos extraordinarios han sido dos conferencias para señoras
y una para caballeros, fuera del horario antes señalado, y compatibles
con las ocupaciones habituales de todos; la misa de comunión habida
el día 8, en la cual se acercaron al comulgatorio los niños
y niñas, comulgantes de años anteriores con sus respectivos
profesores; la procesión infantil de ese mismo día, figurando
en ella todos los niños y niñas del pueblo, cada uno con
su banderita de colores, finalizando en la iglesia con la bendición
de infantes, ofrecimiento de los chiquitines y adoración de los
mayores a la Santísima Virgen; la comunión llevada a los
enfermos hasta sus domicilios y la bendición de rosarios, pilas,
cuadros, medallas y demás objetos piadosos, realizada el día
10, y como broche áureo la fiesta del día 11, que comenzó
con el rosario de la aurora cantado por sus devotos, recorriendo procesionalmente
el pueblo, habiendo a las ocho misa celebrada por nuestro párroco
para dar la comunión a los niños que la recibían
por primera vez, comulgando también el Ayuntamiento, maestros y
padres de los niños; en este acto el padre Jorcano dirigió
fervorosa plática a los comulgantes; más tarde el P. Ángel
celebró la misa mayor con exposición de S.D.M., saliendo
al final la procesión por todo el pueblo, que estaba espléndidamente
adornado con tapices y colgaduras por doquier, arcos y hermosos altares
de trecho en trecho.
Todos los actos han sido honrados con la presencia de autoridades y
el vecindario en pleno, que ordenada y silenciosamente ha escuchado la
palabra divina, empapándose de las verdades eternas que el cristiano
ha de tener presentes y practicar si quiere salvarse.
Los elogios que se han tributado y pueden tributarse a los misioneros
resultarán pobrísimos en comparación de sus merecimientos;
han estado incansables, pues a todos los actos mencionados deben agregar
el servicio de confesionario que han atendido espacialísimamente,
oyendo muchas confesiones cada día.
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Visita del obispo a Blesa. Fotografía de Violeta Serrano.
El pueblo ha correspondido cumplidamente a tanto desvelo y lo demostró
asistiendo todo él a la despedida de los padres Misioneros, efectuada
el domingo 11 a las dos de la tarde, yendo a la iglesia parroquial a recibir
la bendición papal dada por el P. Ángel y oír la
emocionante despedida del P. Modesto, tras la cual salimos hacia la ermita
de la Virgen del Pilar, donde, después de ser cantado un responso
para nuestros difuntos, la niña Pilar Pérez
y el niño José Pellicero despidieron a
los religiosos con bellas poesías y los rosalieros con cánticos
alusivos.
Para fin de tanto entusiasmo llegaron los vivas, abrazos, apretones
de manos y bastantes lágrimas al ver partir a tan queridos huéspedes
hacia la estación en el magnífico automóvil de don
José Graells, galantemente cedido a los religiosos.
Justicia obligada es tributar sinceras alabanzas al señor alcalde
que ha extremado el cuidado del orden y limpieza de la población,
y al señor cura párroco que se ha multiplicado y desvivido
por atender al servicio parroquial tan grande en esta semana de intensa
vida espiritual.
Sea todo para honra de Dios y provecho de nuestras almas.
C.
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¡Qué orgasmo religioso! Si casi vemos a los niños
blesinos levitar por las calles en estado de gracia, mirando al cielo,
en lugar de estar maquinando cómo prenderle fuego a la cola del
gato del vecino.
¡En fin! Puede que la crónica esté un tanto sesgada,
puede que el ambiente retratado, de tan idílico, parezca que no
es de este planeta, ni de la especie humana. Además, nosotros vemos
esto con la perspectiva tanto de su pasado como de su futuro cercano.
Sin ir muy lejos, un par de meses antes tenemos la crónica de una
noticia en que unas familias blesinas se sacan los ojos literalmente,
(para devolvernos al mundo real de la idealizada sociedad tradicional).
Algunas afirmaciones como "que el pueblo ... asistiendo todo él
a la despedida de los padres Misioneros" parecen demasiado "correctas"
y alguno de los mayores del pueblo, preguntados sobre este estado de fervor
de toda la población me comentan que "no había burra
de tal pelo".
También hay que llamar la atención sobre la mención
a que había un coche en Blesa. Es 1928, no había mas que
ese, y su dueño era una de las personas más ricas de la
localidad, José Graells, comerciante de azafrán entre otros
asuntos, y dueño de la gran casa que da a la calle Medio y Verde.
Los testigos de la época me cuentan que el tío Catalán
(como se conocía a José Graells) no conducía su coche,
que su chofer era el tío Mesías, y que no tenía carné
de conducir porque entonces apenas había circulación de
vehículos y hasta 1935 aproximadamente no existió dicho
carné.

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