Blesa
Fiesta. Felizmente han terminado las celebradas por
este pueblo en honor de su patrona Santa Ana, habiendo revestido en el
presente año más brillantez que en otros anteriores, debido
a que, para amenización de las mismas, en vista de la realidad
de una buena cosecha, ha sido traída una
banda de música, lujo al que no estamos acostumbrados
por estas latitudes.
Dieron
comienzo los festejos a las doce del día veinticinco, festividad
de Santiago, con el repique y volteo general de campanas, al mismo tiempo
que la notable banda de Belchite, dignamente dirigida
por don Valentín Sanz, recorría las calles
dejando oír los alegre acordes de un bonito y castizo pasodoble.
Por la tarde y noche de este mismo día hubo bailes en la plaza
Nueva, interpretando la música escogidos y modernos bailables.
Al amanecer del día 26 tocó la banda la diana de rigor,
y a las diez, con asistencia del Ayuntamiento, presidido por el
alcalde don Felipe Bartolo, hubo en la parroquia misa solemne
celebrada por nuestro querido párroco don Melitón
Beltrán, ayudado por don Aurelio Vaquero,
de Plenas, y don Narciso Cuevas de Huesa del Común,
pronunciando elocuente sermón don Raimundo Marco,
párroco de Alacón. La banda interpretó al ofertorio
la bonita pieza titulada "Sonrisa andaluza" y también
cantó la misa con buen gusto y afinación.
Al final de la misa, procesión por las calles principales a la
cual asistió, además de los sacerdotes antes nombrados,
don David Aznar, regente de Monforte; luego hubo refresco
en el Ayuntamiento.
Por la tarde, después de vísperas, según costumbre
tradicional, se celebraron varias corridas, siendo la
principal la de los mozos, en la cual resultaron vencedores por este orden:
Florencio Mercadal, José Mercadal y Agustín
Martín, los tres de este pueblo; el de la primera la ganó
también en la carrera de entalegados.
A
continuación de las corridas y por la noche, repetición
de las sesiones de baile.
El día 27 puede decirse que estuvo todo él dedicado a rendir
culto a Terpsicore, puesto que la mañana, tarde y noche no hizo
otra cosa la música que satisfacer cumplidamente los deseos de
los amantes de la danza. Es de admirar el orden, compostura y respeto
guardados aquí por todos durante las fiestas, no dando lugar a
incidente alguno desagradable, lo cual dice mucho en honor de las autoridades
que han acreditado sus excelentes disposiciones y vigilancia y no menos
habla en favor de la educación, rectitud, cordura y sensatez de
este vecindario.
Agrícolas. Terminada la siega, han dado principio
el acarreo y trilla, esperándose buen rendimiento.
Las viñas presentan inmejorable aspecto, con fruto abundante que
si llega a perfección colmará satisfactoriamente los desvelos
y sufrimientos habidos por los labradores durante todo un año de
trabajos y fatigas. Bien merecido lo tienen estos modestos soldados que
forman en la vanguardia de la economía nacional.
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Las fiestas comenzaban en aquellas décadas al medio
día del 25 de julio, fiesta de Santiago, pues entonces se respetaban
los días, cayese en lo que cayese. Los blesinos trabajarían
ese día por la mañana y luego disfrutarían de los
actos religiosos, bailes y pruebas deportivas. Los pastores tenían
pocos días de fiesta al año (porque los animales comen todos
los días), y esta fiesta mayor de Santa Ana era uno.
Las grandes constantes en las pruebas deportivas de demostración
de vitalidad y fuerza de los blesinos eran las carreras, pedestres o de
entalegados, son las que más se repiten en los distintos años
de los que se conserva alguna crónica.
Pero independiente de lo que nos parezca a nosotros, quien envió
la noticia al diario ya recalcó cual fue la gran novedad de las
fiestas de 1927: el llevar una banda al pueblo.
No figura en esta ocasión quien era el autor de esta crónica.
Quizá fuese Evaristo Lou, que escribió las posteriores noticias
para este periódico católico, aunque años más
tarde ya mandaría sus escritos al Heraldo.

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