| BLESA
Las tormentas
Sobre las seis de la tarde del miércoles se formó una tan
amenazadora tormenta, que los vecinos quedaron acongojados nada más
contemplar su fatídico aspecto.
El resultado no se hizo esperar.
Un tremendo pedrisco descargó en los términos que están
situados hacia Muniesa, Huesa y Moneva, y el agua fue tan torrencial en
los orígenes del río, que este se desbordó, inundando
toda la huerta en la que causó perjuicios incalculables.
Está este pueblo desgraciado con las riadas; ha dos años
vinieron dos formidables y espantosas, como no se habían conocido
desde hacía un siglo, en que tuvo lugar la riada famosa del día
de Santa Marta. Pero la riada de ayer supera a las dos de hace dos años
en más de un metro y se aproxima mucho más a la del día
de Santa Marta.
Las gentes están angustiadas con estos trastornos, y temerosas
de que no suceda hoy otra tanto, dadas las señales nuevas que se
presentan en el horizonte.
¿Cuándo será el día en que las gentes reconozcan
de que la sindicación sería el mejor remedio contra los
pedriscos? Asociados convenientemente, los labradores podrían establecerse
el seguro contra las tormentas y nadie temería perder las cosechas
de una manera tan brusca.
Pero para ello es menester que el pueblo se penetre de la importancia
de estas instituciones y deje a un lado la rutina.
No quiero llamar la atención a los Poderes públicos respecto
a los daños del pedrisco, porque sería perder el tiempo.
El Corresponsal |