Raimundo Salas
Poeta
(1932-1970)
n
este artículo pretendo dar a conocer a una persona con
la que nunca hablé ni pude conocer, pero a la que comprendo
y me permito apreciar. Es la magia que conserva el papel,
el tesoro que encierra el lenguaje, la paradoja de quienes escriben,
que crean afectos incluso después de muertos(1).
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Este artículo habla por un blesino
atípico, que moría prematuramente cuando a mí
aún me faltaban unos días para venir al mundo.
En este año 2000 se cumplirá el treinta aniversario
de su muerte. Se trata de Raimundo Salas Mercadal.
Raimundo Salas nació en Blesa (Teruel) en un lejano día
de 1932, y vivió la mayor parte de su vida en Zaragoza,
donde se trasladó tras la guerra y residió hasta
los treinta años. Su vida fue dirigida hacia un negocio
familiar, que a la fuerza chocaba con su alma atormentada de poeta
en ciernes. Tal fue así, que lo abandonó para
dedicarse "a las letras". Se casó en 1965.
En sus últimos años, marchó a un Madrid ajeno,
donde, tras unos primeros pasos que no fueron fáciles,
Raimundo comenzó a vivir de la literatura a través
de la distribución de sus colaboraciones en una editorial.
Su espíritu pacífico y atormentado se apagó,
con sólo 38 años, en Madrid, el 26 de noviembre
de 1970.
Durante su infancia en Blesa vivió la última guerra
civil (una época y un lugar muy duro para abrir los ojos
de un niño), lo que imprimiría una huella profunda
en su vida, y el despertar de la mala conciencia de la posguerra
inspiraría alguno de los poemas más hondos de su
obra.
Debido posiblemente a las circunstancias políticas y económicas
que rodearon a la España de su infancia, no pudo consolidar
sus estudios más allá de la escuela primaria, pero
parece que esto no fue óbice que le alejara paulatinamente
de la cultura, la siguió adquiriendo de manera autodidacta.
Sus contactos con literatos y poetas aragoneses, de los que formó
parte, revelan tanto su espíritu inquieto como sus amplias
miras artísticas.
Introducido en el ambiente literario de la Zaragoza de los cincuenta,
de la mano de Guillermo Gúdel, fue un miembro de la poco
difundida "generación del Niké".
El Niké fue un café zaragozano(2)
donde se reunían muchas de las cabezas mejor pobladas para
la poética desde la década de los cincuenta, además
de otros grupos de artistas y zaragozanos de toda condición.
Uno de sus amigos, Rosendo Tello Aína, y miembro fundamental
del grupo del Niké, escribió de Raimundo que "había
que conocerle bien para saber que algo profundo le resonaba dentro.
Porque Salas no hablaba apenas, pero resonaba profunda y silenciosamente".
Sus compañeros le recuerdan sentado, siempre silencioso,
en actitud de escuchar o absorto en sus propios pensamientos tras
sus gafas.
Su obra literaria fue pausada y relativamente escasa y peca de
modestia, tanto por su poca difusión, por deseo del propio
Raimundo, como por la mínima repercusión que su
figura ha tenido. Y si, como dijo su amigo, "La
obra poética de Raimundo Salas se podría resumir
con mucho esfuerzo en unos mil versos", bien es cierto,
que muchos de ellos nos hablan de aquella realidad cercana a nosotros,
con la que aún nos identificamos, aquellos temores e historia
que palpitan en nuestro subconsciente colectivo. Porque
ya os adelanto, que la selección de poemas que os ofrezco
es reflejo de su obra, que no distraía intentando capturar
con la palabra la inmaculada fragancia de una rosa, o robándole
a la Luna su reflejo, sino en clamar a los cuatro vientos las
penurias existenciales de un alma mortal. En sus propios
poemas dice: |
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"El poeta de hoy,
si no quiere sentirse sobrepasado por los aconteceres,
debe bajar de la palabra omnipotente,
del verso altísimo y lejano."
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Pero, tampoco quisiera confundir al lector, al aislar ciertos
poemas del conjunto; en su obra hay evolución y complejidad
de temática y siempre palpita la emoción y la conciencia
del sentir de una generación con profundas cicatrices.
Tanto su figura como su único libro, me los dio a conocer
el blesino de adopción Gregorio Lagunas(3).
El libro de Raimundo, titulado "Las piedras y los días",
es una obra póstuma que compiló y prologó
el poeta letuxano Rosendo Tello(4),
para evitar que su personalidad y obra cayese en un olvido inmerecido
y para que coseche parte del reconocimiento del que se había
hecho acreedor.
Sobre su vida y obra disponemos de dos libros que estudian a
todos los poetas y literatos aragoneses del grupo del Niké,
titulados:
"Poetas aragoneses del grupo del Niké",
de Benedicto Lorenzo de Blancas, (Institución Fernando
el Católico, 1989), un estudio excelente que presenta
el ambiente de la época, la evolución del grupo,
biografías de cada uno de los catorce integrantes y muestras
escogidas de sus obras(5).
"OPI-Niké. Cultura y arte independiente en una
época difícil", del Ayuntamiento de Zaragoza
(1984), que, con un planteamiento diferente, se centra más
en la obra de los integrantes del grupo que el estudio anterior
y se abre a otras estéticas culturales de la misma época.
Es posible comprender la obra de Raimundo sin conocer el entorno
literario en que se movió, pero tendremos una perspectiva
mucho mejor si conocemos al grupo de poetas del Niké, o
de la OPI, en la cual se encuadra. Su formación como
poeta se vería influida, seguramente, por la compañía
de otros colegas. Un trabajo exhaustivo tendría que
tenerlos en cuenta, así como las tendencias, publicaciones
en libros y revistas, influencias y el ambiente social en que
se desarrolló, pero no puedo pretender extender tanto este
artículo(6).
Raimundo el día de su boda, con sus amigos de tertulia.
De izquierda a derecha: Felipe Bernardos, Manuel Rotellar, María
Teresa, Julio A. Gómez, Raimundo, Luciano Gracia, Rosendo
Tello, Miguel Luesma, Miguel Labordeta y Benedicto Lorenzo de
Blancas.
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Reproduzco a continuación varios versos, recogidos en
su obra póstuma "Las piedras y los días",
dejando que sus poemas sean la elocuencia y los mudos heraldos
de su parlante pecho(7).
Las piedras y los días
¿Y qué rumor ha de mover
los labios,
y qué campanas sumergidas bajo el agua
han de doblar a vivo un día,
si Caín aún golpea con su hueso,
si aún os miráis las manos con temor,
si aún lleváis en la sangre a Dios estrangulado?
Hasta el ir es volver en vuestros pasos.
Sudáis trabajo y os ganáis la muerte,
el hambre, el sol, la sed de cada día,
sin ver que las monedas que os dan están sucias de desprecio.
Cambian las cosas de volumen, de sitio,
de color; cambian las manos
la honda por la espada, la espada por la cruz o por la hoz,
y todo sigue igual, todo sigue lo mismo,
todo vuelve a empezar.
En la tierra reseca vuestros pasos
hollan el tiempo, entráis en las iglesias derruidas
para pedir la lluvia
y un dios frío y terrible os contempla desde la piedra.
Afuera los lagartos al sol se multiplican,
las gallinas cloquean,
y un niño es devorado por un cerdo
otra vez como antaño.
Cantan las moscas su canción monótona,
la araña teje en su rincón,
mientras a campanadas lentas amanece,
mientras, oh abandonados,
miráis la línea azul del horizonte
igual, exactamente igual que vuestros padres.
Cuando muera enterradme con los ojos abiertos
Entonces, cuando el buzo baja más,
cuando los ojos quedan fijos en el rostro de la dama,
y el ternerillo lame las manos que sostienen el cuchillo
y el elefante -que siguió avanzando
porque no comprendía qué era aquel resplandor entre
sus ojos-
al fin pesadamente se desploma.
Entonces, cuando el libro
cae al suelo, cuando desciende el buitre,
cuando los peces buscan los ojos del ahogado,
cuando las manos quedan al fin quietas,
y salen todos, todos murmurando lo mismo,
y en el cuarto de al lado hablan toda la noche de Dios o de política,
sin preguntarte tu opinión, sin dejarte participar,
y estás solo, estás solo,
y entra un amigo de tu infancia,
y te cierra los ojos que tanto te costó entreabrir,
y te vacía los bolsillos,
y te quita el reloj (sin pensar que quizá lo necesites).
Entonces, o más tarde, todavía más tarde:
el día que te excluyan,
el día que al fin pongan tu retrato de cara a la pared.

25 años
25 años,
25 años peleando
en una guerra sin cuartel,
de 9 a 2, de 4 a 7
(a veces horas extras)
luchando contra el tedio,
sembrando de colillas su esperanza,
siempre al pie del cajón, multiplicando
para otros, 5 x 1 es 5, 5 x 5...
25 años, 25 años...
Vencido por los números, un día estrangulado
quizá por su antiquísima corbata,
desgastados sus codos esperando el ascenso,
esperando el balance, el ajuste de cuentas,
esperando que cuadren el Debe y el Haber,
un día no será más que un gran cero,
un asunto archivado,
una ficha olvidada y polvorienta
en la vieja oficina.

Quemad esos papeles
Quemad esos papeles,
quemad esas montañas
de libros que defienden los Derechos del Hombre.
Quemad mi lápiz y mi mesa, ¡pronto!
Quemad todos mis versos si es preciso.
Aunque canten los pájaros,
aunque se abran todas las ventanas,
es de noche.
Aunque el sol distribuyan con justicia,
aunque pongan bañistas en las playas,
aunque pongan calefacción en todas las iglesias,
el hombre tiene frío.

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De cara a la pared
De pronto despertábamos
sobresaltados: era la hora del temblor,
era la hora en punto de los rezos,
del grito ahogado entre las sábanas mojadas,
del llanto a oscuras, de la sed, del miedo.
Fuera se oían voces, carcajadas
estrepitosas, himnos feroces, explosiones,
súplicas apagadas por un motor en marcha,
carreras y disparos.
Nosotros, temblorosos,
arrebujados en la noche, insomnes,
vueltos de cara a la pared, sin atrevernos
siquiera a respirar,
no sabíamos nada, no entendíamos nada.
Eran, decían, los felices días de la infancia.
Cuando bajan al trote los caballos al río,
cuando las campanadas penetran en nosotros
y hacen que, poco a poco, se iluminen los montes,
pienso en aquellos días y me parece un sueño.
Pero no, no es un sueño, aquello sucedió.
El rostro aquel que en el recuerdo gesticula,
la vieja con su vela, los pasillos tortuosos,
la habitación que daba al cementerio,
aquel caballo blanco comido por las moscas,
el niño sonriendo junto a su madre inmóvil,
son reales, están aquí, surgen de pronto
en el tiempo, en la noche, en el poema,
la noche aquella continúa, vuelven
las cosas negras del ayer.
Ya no rezamos, somos
demasiado mayores para llorar. Abrimos
de par en par las puertas; salimos al balcón.
Pero la lucha aquella no ha cesado. Aún, con saña,
Caín golpea a Abel. Y afuera -entre gastados
himnos, actos inútiles, frases hechas- aún suenan
los disparos, los gritos, y nosotros seguimos
como ayer, como siempre,
eternos castigados que no saben su culpa,
de cara a la pared,
de cara a la antiquísima pared.
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Raimundo, como otros muchos, fue un hijo
marcado por su tiempo; su punto de referencia es el hombre.
Algunos de sus poemas entran de lleno en lo que ha dado en llamarse
"poesía social"; portavoz de "un mundo
en el que habitualmente se pasa hambre de cosas tan sencillas
como el pan, la verdad o la justicia".
No sigue, como habréis podido leer, los viejos cánones
estróficos, ni anquilosadas formas de expresión
simbolista, ni su temática es épica o romántica.
Su lenguaje es directo y desgarrado, como las verdades que él
conoció, ¿por qué habría de atar una
verdad con los apretados nudos de la métrica?
El existencialismo y el realismo se alternan en su obra y a buen
seguro también en su recóndito interior. A
través de sus palabras vemos a un hombre que, ante la realidad
de la vida, levanta sus manos al cielo y acusa: acusa a los hombres
y protesta a los imperturbables cielos.
Hasta aquí quiero llegar, sin ahondar más en la
figura de este ser humano, (que ya no es un desconocido), porque
cuando le leo le interpreto, y un poema ofrece tantas interpretaciones
como lectores. Otros muchos poemas suyos tienen tanta o
más profundidad que los expuestos; por ello, os animo a
escuchar la voz interior de Raimundo a través de sus palabras,
y a conocer su vida a través de la exquisita y hermosa
prosa de sus compañeros, mucho mejor que a través
de mí, exégeta de ocultos testamentos, que sólo
pretendo remediar un olvido. Creo que la apreciaréis
y comprenderéis porque...
¿quién puede estar vivo
y no tener alma de poeta?
Lo es todo aquel
que siente los olores del otoño,
cuando alborea la primavera,
que antevé aquella mirada vidriosa,
en los ojos del dicharachero,
que intuye el ocaso
en el leve despertar del pensamiento.
Javier Lozano Allueva
Enero de 2000
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El grupo de poetas del Niké |
El grupo de poetas
del Niké se formó a comienzos de los años
cincuenta alrededor de la gran figura literaria de Miguel
Labordeta. Este poeta se convirtió en una
suerte de ídolo para los jóvenes poetas desde
que publicara sus libros Sumido 25 y Violento
idílico en 1948 y 1949 respectivamente, en el
primero de los cuales retrataba la España de posguerra
y fue censurado en su primera entrega.
Las tertulias que se organizaron en el café incluyeron
a buena parte del mundillo intelectual aragonés,
incluyendo miembros de diversas generaciones y ramas artísticas
(poetas, novelistas, dramaturgos, ensayistas, pintores,
escultores, actores, y también políticos y
científicos). La tertulia estuvo en todo su
apogeo en 1964, donde se hablara o no de literatura, el
coloquio o la discusión era siempre interesante y
vital. El grupo de poetas estaba integrado por José
Ignacio Ciordia, Fernando Ferreró, Emilio Gastón,
Julio Antonio Gómez, Luciano Gracia, Guillermo Gúdel,
José Antonio Labordeta, Miguel Labordeta, Benedicto
Lorenzo de Blancas, Miguel Luesma, Manuel Pinillos, José
Antonio Rey del Corral, Raimundo Salas y Rosendo
Tello.
Sus integrantes estaban al margen de las estructuras culturales
oficiales, de hecho estuvieron incluso vigiladas sus tertulias
por miembros de policía secreta, porque a pesar de
lo heterogéneo de sus integrantes, predominaba el
talante izquierdista, y con evidente sorna hicieron del
Niké el domicilio social de la "Oficina Poética
Internacional" como parodia de las estructuras
burocráticas oficiales. |
Algunas de sus ceremoniosas tertulias terminaban
con entrega de diplomas, coronas de laurel y narices postizas
con gafa incorporada como desenfadadas parodias antiacademicistas.
Los miembros y contertulios esporádicos desplegaron
una intensa actividad que fue un revulsivo cultural en aquellas
décadas, sin ningún tipo de subvención
oficial o privada. De figuras de la OPI surgieron
las revistas Despacho Literario (órgano de
la OPI, por Miguel Labordeta), Papageno (J. A. Gómez),
cuatro colecciones literarias "Coso Aragonés
del Ingenio" (creada y mantenida por Gastón,
Alfaro, Anguiano, Mateo y Razquín); "Orejudín"
(Miguel y J. A. Labordeta); "Poemas" (Luciano
Gracia y Guillermo Gúdel) y "Fuendetodos"
(J.A. Gómez). Ello supuso la edición
de más de cuarenta libros de poesía, ensayo,
narrativa, teatro, historia y crítica y el estreno
o publicación de unas quince obras dramáticas,
además de la realización de 22 películas.
La OPI había crecido en prestigio, incluso en el
ámbito nacional, cuando las muertes relativamente
próximas de varios miembros a causa de enfermedades,
infartos y accidentes, coronados por la muerte de su mentor,
Miguel Labordeta, señaló la disolución
de la OPI.
Fuente principal:
Gran Enciclopedia Aragonesa, 2000 |
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1. Extraños
encuentros tiene la vida, que por azar y por fortuna trae a nuestras
manos la vida de un hombre. Ocurre, en ocasiones, que nos autoimponemos
retos para los que no estamos capacitados. Presentar a un poeta
es uno de tales casos.
2. Este café
se encontraba en la antigua calle del Requeté Aragonés,
(posteriormente llamada Cinco de marzo), y se cerró en
mayo de 1969.
3. No son libros
que se puedan adquirir sin largo trámite, salvo para
su consulta en el Instituto
Bibliográfico Aragonés, en la Biblioteca de
Aragón. Pero, por lo que estaré infinitamente
agradecido a Gregorio, es por darme a conocer la obra de Salas,
a partir de la cual mis horizontes literarios se han abierto
a éste y otros poetas aragoneses que me eran desconocidos.
4. "Las
piedras y los días", Ediciones Saturno, (colección
El Bardo nº 78, 1971, Barcelona).
También publicó poemas sueltos o colaboraciones
de otro tipo.
Aparte de la poesía, podemos encontrarlo ilustrando libros
de conocidos suyos, como en el libro de Miguel Luesma Castán,
"Solo circunferencia", (1965).
Sobre Rosendo Tello Aína puede leer apuntes de su vida
y poesías en el libro "Historia de Letux" de
Miguel Plou.
5. Quizá
debiera hablaros de los otros miembros del grupo de poetas del
Niké, incidir en su presencia en el ámbito literario
zaragozano, de la revista "Poemas", de la tertulia
poética que estuvo en todo su apogeo en 1964, donde se
hablara o no de literatura, el coloquio o la discusión
era siempre interesante y vital; pero ello se saldría
del ámbito de este artículo y esta publicación
en gran manera.
Sólo citaré a los integrantes de la OPI (Oficina
Poética Internacional), cuya sorna en la denominación
es evidencia del ambiente que fraguaron. Fueron: José
Ignacio Ciordia, Fernando Ferreró, Emilio Gastón,
Julio Antonio Gómez, Luciano Gracia, Guillermo Gúdel,
José Antonio Labordeta, Miguel Labordeta, Benedicto Lorenzo
de Blancas, Miguel Luesma, Manuel Pinillos, José Antonio
Rey del Corral, Raimundo Salas y Rosendo Tello.
6. Si lo desea
puede encontrar en las hemerotecas un estudio con una aproximación
a la literatura aragonesa del siglo XX, en el suplemento de
Andalán (un periódico quincenal aragonés),
de abril de 1973, dentro del cual se encuadra el artículo
"Panorámica de la poesía aragonesa (1940-1970)"
de Rosendo Tello.
7. La frase está
extraída del Soneto 23 de W. Shakespeare. |
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Última actualización: 17 de diciembre de 2000
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